Entre un 30% y un 35% de las pequeñas y medianas empresas en el Estado utilizan la inteligencia artificial, mientras que en el caso de las grandes compañías este porcentaje llega al 70%. Estos datos los recoge el Banco de España en un informe. La diferencia entre los dos segmentos muestra que la incorporación de esta tecnología continúa avanzando a ritmos muy diferentes según el tamaño de la empresa, y que la distancia entre unos y otros continúa siendo uno de los rasgos que definen el panorama actual de la adopción de la inteligencia artificial en el tejido productivo estatal.
En el documento ocasional titulado El uso de la inteligencia artificial por parte de las empresas españolas: avances recientes y factores asociados a su uso, los autores señalan que el uso de la inteligencia artificial en las pymes se ha duplicado respecto a los datos publicados en 2024. A pesar de este incremento, los mismos autores constatan que persiste una brecha relevante con las grandes empresas, de manera que la distancia entre unos y otros no se ha cerrado a pesar del avance registrado. El hecho de que el uso se haya duplicado indica que el punto de partida era bajo y que, a pesar del crecimiento, todavía hay mucho recorrido en este segmento.
En el caso de las grandes empresas, el uso de estas tecnologías se encuentra ya en una fase más avanzada. Según el documento, el progreso desde 2024 se ha producido sobre todo en los niveles de utilización más intensivos, con un incremento de 14 puntos porcentuales en los tramos de uso moderado o elevado. Esto indica que las grandes compañías no solo han ampliado la adopción de la inteligencia artificial, sino que también han intensificado su uso entre las que ya la utilizaban. Esta pauta sugiere que, en el caso de las grandes empresas, el reto ya no es tanto empezar a usar la tecnología como profundizar en ella y extraerle más rendimiento.
La evolución de los obstáculos a la adopción
En cuanto a los obstáculos en la adopción de la inteligencia artificial, la conclusión del documento es que, en líneas generales, se observa una disminución de la incidencia de todos los factores considerados como obstáculos. Esta reducción es algo más acusada en el caso de las pymes. Los tres factores con una mayor reducción en el caso de las pymes son los costes elevados, la falta de personal cualificado y la incertidumbre sobre las consecuencias legales.
En el caso de las grandes empresas, los factores que más disminuyen son la incertidumbre sobre las consecuencias legales, las consideraciones éticas y los costes. La coincidencia de la incertidumbre legal entre los factores que más se reducen en ambos segmentos indica que esta cuestión ha ido perdiendo peso como barrera a medida que el marco normativo y las prácticas de las empresas se han ido clarificando. En cambio, la falta de personal cualificado aparece como un obstáculo especialmente relevante para las pymes, que disponen de menos recursos para incorporar perfiles especializados.
Otra de las conclusiones del documento es que las empresas adoptantes presentan, de media, mayores grados de productividad, salarios más elevados y una intensidad más elevada en activos intangibles, y no se observan diferencias significativas en su posición financiera relativa. Los autores señalan, sin embargo, que estas asociaciones deben interpretarse con cautela, dado que el análisis no permite establecer relaciones causales. Es decir, los datos muestran que las empresas que utilizan la inteligencia artificial también presentan estas características, pero no permiten afirmar que el uso de la tecnología sea la causa de estas diferencias. Esta precaución metodológica es habitual en estudios de este tipo, en los que la coincidencia de factores no equivale a una relación de causa y efecto.
