Ha muerto Marina Vilalta, la pastora más vieja de Catalunya, Cruz de Sant Jordi 2022 por su vida dedicada a la ganadería. Literalmente dedicada, era analfabeta en el sentido técnico de la palabra: no sabía ni leer ni escribir. Dedicada hasta hoy: a punto de cumplir 100 años salía cada tarde a pastorear su rebaño en Bruguera en Ribes de Freser, aunque había nacido en Ogassa, el pueblo donde ha ido a vivir Eloi Cordomí en el Ripollès. En TV3 veneran esta Catalunya interior y el reportero más joven de la casa Abraham Orriols le dedicó su primer libro escrito cuando tenía 26 años sobre la vida de Marina que tenía 96. Setenta años entre entrevistador y entrevistada, un récord mundial. El libro vale la pena recuperarlo ahora: "Una vida en las montañas". Abraham Orriols le ha escrito un precioso epitafio con una foto fabulosa de ambos haciendo el aperitivo hace pocos días, dos semanas antes de morir:

Oriols: "Nunca me hubiera pensado que tendría una amiga de noventa y nueve años. Tampoco imaginaba que este vermut, hace cosa de dos semanas, sería la última vez que charlaríamos. Ha muerto Marina Vilalta. Una mujer que sin saber leer ni escribir era más sabia que todos nosotros. Una mujer alegre, cantarina, fuerte y generosa. Ha estado con sus ovejas hasta el último día: pastoreando a los pies del Taga, yaciendo en el suelo y levantándose sola con el bastón. Cantando y renegando, mandando y haciendo lo que le rotaba, mientras corría por sus montañas". Abraham Orriols regala a sus seguidores el epitafio que le dictó la misma Marina para su muerte. Ahora que no está resulta delicioso recordar qué pensaba ella, la gran Marina Vilalta, de vivir tantos años y de su muerte: "No pensaba que llegaría a ser tan vieja. No he hecho nada. Un día Dios me llamará y ya está. Todos tenemos que ir a parar. Y cuando me muera... ¡mierda para los vivos!". Qué pedazo de epitafio. Orgullo de Catalunya.

En una entrevista de Orriols en El Nacional explicó la rutina de la pastora en activo más veterana: "La rutina de Marina es de mañanas pausadas y de tardes agitadas. A la una ya come, porque a las tres saca las ovejas y las pastorea hasta las cinco o en función de la luz solar. Ella dice: "Cuando no las saco a pastorear estoy nerviosa y cuando las estoy pastoreando todavía estoy más nerviosa". Este nervio es lo que le da vida. Ahora, con 96 años empieza a necesitar un poco de ayuda. De hecho, cuando la acompañaba a pastorear, a mí me salía ayudarla, porque subíamos por los campos, ella con el bastón, y yo pensaba que se haría daño, pero no, ella marcaba el camino. Normalmente, se tumba, vigila las ovejas y cuando se desplazan demasiado, se levanta y se coloca en un lugar donde las pueda ver. Y vuelve cuando la luz empieza a disminuir. Cena temprano, enciende la radio, y no se pierde nunca El tiempo de TV3, que lo sigue con deleite, y después a dormir". Ternura y admiración eternas.


Orriols remata el escrito: "Me ha enseñado tantas cosas que solo puedo estar agradecido de haberla conocido y compartido tantos ratos. Te recordaremos siempre, Marina" y un corazón rojo. Orriols huye de la romantización cursi y aborda aspectos aprovechando la figura de la pastora más grande del país: despoblación, resistir, la Guerra Civil o la canción popular. Marina Vilalta es una de las personas que más ha aportado al Càntut, un proyecto que recoge y difunde el patrimonio musical de transmisión oral de las comarcas gerundenses. Orriols convirtió un libro de encargo, una forma de reportaje, en una relación de amistad. El país queda un poco más huérfano. Y Marina deja huérfanas a sus ovejas y cabras. Alguien hoy las sacará a pastar. Como cada tarde.