A Marc Márquez le queda ganar otro campeonato del mundo para pasarse a llamar Marcos. Cada nuevo gesto del deportista de Cervera parece pensado para agradar a sus fans y patrocinadores españoles. La cima fue cuando celebró el último campeonato de Moto GP en Cervera hablando en castellano con su madre. Las redes no entienden qué le ha pasado. Decidió marcharse a vivir a Madrid como quien se instala en Andorra o Mónaco, una extravagancia. Y desde entonces nunca más una senyera para celebrar un triunfo, nunca una palabra en catalán. Y este fin de semana ha celebrado su cumpleaños por adelantado, es el 17 de febrero, y ya se sabe que trae mala suerte. Lo quiso hacer coincidir con una celebración estrictamente madrileña, nada catalana: San Valentín. Nadie en Cataluña entiende que el día para regalar la rosa a la pareja sea el 14-F existiendo el 23 de abril, pero Márquez, que tiene novia catalana, Gemma Pinto, llevó una rosa por San Valentín. Más madrileño que la Cibeles.


En la fiesta de cumpleaños en Madrid invitó a su nueva pandilla de amigos madrileños, según recoge la revista Hola: "Marc Márquez se ha adelantado a su cumpleaños y ha soplado las velas este sábado, coincidiendo con San Valentín, para dar la bienvenida a los 33 años -que cumple oficialmente el próximo 17 de febrero-. El campeón de MotoGP se ha rodeado de amigos, y de la crème de la crème del mundo influencer, para llevar a cabo una fiesta de lo más original en la que no ha faltado ningún detalle, y a la que han acudido personalidades del universo digital como María Pombo y su marido, Pablo Castellano, o Laura Matamoros". Solo faltaba Victoria de Marichalñar. Márquez ya es un madrileño más. Por Sant Jordi, nada que celebrar.
El regalo del mejor motorista del mundo ha sido un perro adoptado, que ni el nombre tiene en catalán: Turco. Es una manera extraña de llamar en los parques de Madrid: "Siéntate turco, obedece turco, cállate turco". Feo. Ellos sabrán. Son tan frívolos que despierta curiosidad mirar por el ojo de buey de Instagram y comprobar cuál es la última. Todo lo hacen pensando en su nuevo público, que no entendería ninguna referencia a sus orígenes o la tildaría de "provinciana". Como Pau Gasol en su momento, el catalán que no lo parece nada. No hace falta ser Pep Guardiola si no se sabe pero tampoco convertirse en Froilán de Marichalar.

Marc Márquez no tiene manías para explicar por qué ya no paga los impuestos en Cataluña sino en Madrid: "Te replanteas muchas cosas. Una de ellas fue la mudanza de Cervera a Madrid, que esto previamente ya había hecho un año con muchas estancias en Madrid por la lesión y bueno, decidí probarlo. Y la verdad es que no me arrepiento para nada. Estoy ahorrando mucho tiempo y el estilo de vida, que es lo que más me preocupaba, no ha cambiado nada. Y luego pues Cervera está aquí al lado, cuando un fin de semana tengo melancolía de la familia y los amigos cojo un AVE y en un par de horas estoy allí. Y luego pues el cambio de representante también. La etapa con Emilio fue un gran éxito, fueron 17 años juntos y le estoy muy agradecido, pero hay un momento que la relación se desgasta, empiezan los malentendidos y es ahí donde decido dar un paso más para centrarme más en lo deportivo, para estar más tranquilo". Incluso ha cambiado su look, ahora más pijo madrileño. Usa la expresión definitiva: "Para nada".