Los lectores que estén leyendo esta pieza y hayan nacido, como servidor, en el año 1975, o pocos años después, seguro que entenderán perfectamente a qué me refiero y recordarán con nostalgia lo que ahora explicaremos. Porque si nacieron por aquellas fechas, significa que a principios de los años 90, eran adolescentes o niños que entraban en la adolescencia. Y a principios de los años 90, cuando no había móvil, Tik Tok, reggaetton y mil series que comentar, lo que hacían los niños a la hora del patio era jugar. Como ahora, el fútbol ocupaba horas y horas. Pero a principios de los años 90 se prodigó por muchas escuelas del país una práctica, un pelín violenta, pero en el fondo, inofensiva, donde muchos niños imitaban un programa de televisión que lo petaba. Un programa que se emitía los domingos en Telecinco, una astracanada que hacía las delicias de muchos jóvenes, un show grotesco pero tremendamente entretenido que respondía al nombre de Pressing Catch.

Con la narración del gran Héctor del Mar, iban pasando por un cuadrilátero diferentes luchadores de lucha libre, a lo americano, lo que allí se conocía como WWE Wrestling. Tipos con aspecto estrafalario y nombre todavía más estrafalario, con una historia de vida ficticia detrás, como si fuera el guion de los personajes de una película, que se iban repartiendo mamporros, volteretas, patadas voladoras, sillazos y guantazos inofensivos, pero bastante bien teatralizados, que nos hacían pensar a los jóvenes que lo veíamos que se repartían de lo lindo, y de verdad. Pero nada más lejos de la realidad. Era todo una bouttade, una mentira, un espectáculo teatral, pero en lugar de un Shakespeare, allí se representaba una riña callejera con tíos de más de cien kilos vestidos con mallas y bañadores minúsculos. La lista de nombres inolvidables que ahora recordaremos seguro que hace saltar la lagrimita a más de uno: Hulk Hogan (y sus pañuelos), El último guerrero (que le cogían teleles o trances cogiéndose a las cuerdas), El enterrador (un tipo con cara de palo, que no reía ni que lo mataran, de más dos metros), Tito Santana, El sargento Slaughter, Jimmy Snuka 'La mosca', Macho man, Jimmy 'estaca' Duggan, los Hart and Hart Foundation, el escocés Roddy Piper, Mr. Perfect (aquel con rizos rubios asquerosete), Jake 'El serpiente' Snake, Coco Beware, Ted Dibiase (El hombre del millón de dólares) y su mayordomo Virgil, Modelitos Martel, El marinero tarugo, El Poli Loco, Los Demolition Man, Los Rockeros (un sucedáneo de los Modern Talking), The Nasty Boys o uno de los más recordados, Terremoto Earthquake (que su golpe definitivo era cuando ponía la entrepierna y la panza encima de la cara del rival, después de hacer saltitos como si llegara un terremoto). Absolutamente maravillosos.

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Los luchadores del 'Pressing catch' de los años 90 / elcondensadordefluzo.com
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Los luchadores del 'Pressing catch' de los años 90 / elcondensadordefluzo.com
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Los luchadores del 'Pressing catch' de los años 90 / elcondensadordefluzo.com

Como decíamos, muchos niños de aquella época, a la hora del patio, jugaban a imitar a sus ídolos, haciendo los movimientos que hacían cuando luchaban. Y en este sentido, sin duda, los preferidos de los chiquillos eran Los Sacamantecas, la pareja más icónica. Un dúo de dos tipos feos, de Nueva Zelanda, como dos quinquis buscando bulla a la salida de un bar de carretera, huraños, siempre poniendo caras extrañas, con la boca torcida, como Popeye, con pantalones de militar, gorra y camiseta negra, que hacían un movimiento extraño con los brazos, arriba y abajo, formado por Bushwhacker Butch y Bushwhacker Luke.

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Los Sacamantecas, con Bushwhacker Butch a la derecha
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Los Sacamantecas, con Bushwhacker Butch a la izquierda

Y desgraciadamente tenemos que lamentar la muerte del primero. Bob Miller, que así se llamaba realmente, ha fallecido a los 78 años en Los Ángeles, según ha anunciado su querido compañero, con quién entraron en el Hall of Fame de la Lucha libre: "He perdido mi amigo, hermano y compañero de equipo durante más de 50 años. Ninguno de los dos sabíamos que serían nuestros últimos días juntos y sus últimos días de vida. Si leyeras la historia de mi vida diría que soy hijo único, pero estaría equivocado. En vida tuve un hermano y se llamaba Bob Miller. Te quiero Bob. Hasta que te vuelva a ver", decía en referencia a un reciente encuentro.

Miller estaba casado, tenía dos hijas y muchos nietos. Seguro que ahora, allí donde esté, sigue haciendo combates con los también difuntos El último guerrero, Owen Hart o Umaga. Descanse en paz.