El rey Juan Carlos es uno de los tipos que más poca vergüenza han tenido, tienen y tendrán en España. El emérito continúa presentándose como una especie de santo a quien deberían canonizar, y continúa empeñado, desde la distancia, en que él no ha hecho nada, que no se merece la patada que le dio su hijo Felipe, que no es justo que viva a kilómetros de distancia de Zarzuela, en su retiro dorado de Abu Dhabi, y bla, bla, bla. Un tipo que no tiene la mínima moral ni valor para reconocer que cuando hizo de monarca, no fue precisamente ejemplar. Un rey que se creyó que podía hacer y deshacer a su antojo, que podía hacer lo que le saliera del moño cuando estaba en el trono, y a quien todo el mundo le reía las gracias hasta que la cosa ya era demasiado esperpéntica para mantenerlo en España.

Un emérito que a la mínima que puede, todavía tiene las narices de sacar pecho y hacerse el digno y a la vez, el sarcástico, que se hace el íntegro y enciende el ventilador para poner el foco en otra gente. Y ahora lo ha vuelto a demostrar. La actualidad política y judicial en España nos ha traído, los últimos días, a la luz la investigación de la UDEF al expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por un presunto delito de blanqueo de capitales. El juzgado central de instrucción número 4 de la Audiencia Nacional ha imputado a José Luis Rodríguez Zapatero por blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental en el rescate de la aerolínea Plus Ultra en 2021; un caso en el que se investigan supuestos cobros de comisiones ilegales.

Y la reacción de Juan Carlos I no se ha hecho esperar. Según explica 'Monarquía Confidencial', de fuentes cercanas al padre de Felipe, el Borbón, en lugar de estar tapadito y calladito, lejos de mantenerse indiferente, ha compartido unas palabras con su círculo de máxima confianza, con sus íntimos. Un tipo que debería poner en práctica aquel dicho de cuando las barbas de tu vecino veas quemar, pon las tuyas a remojar, pero que ha hecho todo lo contrario. Explica el citado medio que Juan Carlos ha lanzado una pregunta retórica a sus confidentes: "¿Y el malo era yo?"... "Un desahogo que demuestra que, a pesar de la distancia, sigue al milímetro cada proceso judicial que afecta a las altas esferas del país". Un Juan Carlos que mientras abre la boca para hacerse el digno, continúa buscando un refugio más próximo a España, y según parece indicar, Portugal sería el destino escogido por el Borbón en su intento de acercarse cada vez más a palacio.

Veremos si Juan Carlos consigue su objetivo y veremos también si vuelve a enseñar la patita y a hacerse el ocurrente la próxima semana, a raíz del caso Zapatero, porque el juez José Luis Calama ha levantado el secreto de actuaciones y ha citado a declarar al expresidente del Gobierno como investigado el 2 de junio.