Para diferentes generaciones, una de las presentadoras más inolvidables de la televisión, especialmente de los años 80, fue una mujer cubana que decía frases como "Por 25 pesetas, nombres de..., "...tarjetita por aquí", "...hasta aquí puedo leer" o "Acaban de perder... ¡el coche"! (una versión más cañí era "Acaban de perder... ¡un apartamento en la manga del Mar Menor"!). Evidentemente, nos referimos a la mítica Mayra Gómez Kemp, alma y emblema del no menos mítico Un, dos, tres. Este fue su adiós del concurso de los viernes por la noche en TVE, al lado de una jovencísima Lídia Bosch:

Después de probar las mieles del éxito presentando aquel programa, la carrera profesional de Gómez Kemp fue de bajada. Pero todavía más grave fue algún aprieto durísimo que tuvo que sufrir en la vertiente personal. El año 2009 revelaba que le habían diagnosticado un cáncer en la lengua, motivo por el cual tuvo que ser operada, y afectándole en el habla. Tres años después, anunciaba que le había vuelto a aparecer un maldito cáncer, esta vez, en la garganta. Se ha recuperado de la enfermedad, pero ahora la vida le ha vuelto a girar la espalda, con la muerte del hombre de su vida, su marido Alberto Beco.

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Mayra Gómez Kemp y Alberto Beco / GTRES

En plena pandemia, y sin nadie más al lado, vio cómo su marido moría en sus brazos víctima de un infarto repentino. Llevaban juntos casi 50 años y ni se pudo despedir de él. Tres meses después, la presentadora ha intervenido en el programa Socialité para hacer una confesión estremecedora y para poner el corazón de los espectadores en un puño. Gómez Kemp se siente sola. Muy sola. Angustiada sin poder salir de casa y por miedo a contraer el virus, al ser población de riesgo a sus 73 años y su historial médico, revelaba que "Estoy sobreviviendo, resistiendo, pero bien no estoy. Desde que se murió mi marido no sé lo que es un abrazo de nadie".

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Mayra Gómez Kemp / GTRES

Palabras sobrecogedoras y dolorosas donde expone la tristeza que está pasando y cómo de lejos ve la luz al fin del túnel: “Estoy confinada en mi casa, mis médicos no me dejan salir, no tengo ningún familiar, están en otro país, no pueden viajar”,ha reconocido con la voz rota de dolor y pena: "Vivo mi día a día con resignación y pena. Tengo momentos más bajos que otros, el dolor siempre está presente, no decrece, lo importante es aprender a vivir con una ausencia tan dura. Le recuerdo cada segundo de mi existencia. Es muy duro vivir sin su compañía, sus abrazos, su amor, su presencia". Todos los ánimos del mundo hacia ella. Esperemos que algún día le vuelva la sonrisa a alguien que hizo sonreir a los espectadores durante tantos años las noches del viernes.

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