Todavía estamos emocionados por lo que consiguieron el sábado en Bilbao las jugadoras del Barça femenino. Por lo que consiguieron encima del césped de San Mamés y fuera de él. Ganar la tercera Champions, la segunda de forma consecutiva, y hacer que 50.000 culés llenaran las calles de la ciudad vasca, pintando de azulgrana las calles, movilizando una masa tan brutal como esta para ir a una final, está al alcance de muy poca gente. El Barça femenino es un referente mundial, todo el mundo se llena la boca destacando lo que están haciendo, social, y deportivamente, con un juego que maravilla y es la envidia de todo el mundo. Excepto para Figo, que bostezaba, imagen lamentable en el palco. Los culés todavía nos pellizcamos y nos emocionamos con la final descomunal contra el Olympique de Lyon, con la celebración posterior encima del césped y con la fiesta que continuó una vez aterrizadas en Barcelona, donde ofrecieron los cuatro títulos de este año, con la guinda de la Champions, en la Plaza Sant Jaume.

Como dicen las camisetas que lucían este domingo en la celebración en el Palau de la Generalitat y en el Ayuntamiento de Barcelona, Movemos el mundo. Y tanto que lo hacen. Las Aitana, Alexia, Graham-Hansen, Mapi y compañía mueven el mundo y a los culés especialmente. Y el motor que ha contribuido con su dirección a que la maquinaria perfecta funcione, la chispa que ha ayudado a que su juego y su talento natural sea todavía más descomunal, es un hombre muy querido en el vestuario y en el club azulgrana que ahora se marcha. Hablamos del entrenador, un Jonatan Giráldez exultante con la Champions que pone la guinda al pastel a su currículum como técnico azulgrana. El entrenador gallego busca nuevos retos y se marcha con su familia (la mujer y el hijo, que justamente ayer celebraba su cumpleaños, un añito) hacia los Estados Unidos, donde se hará cargo de un equipo de Washington en el fútbol norteamericano.

Giráldez ha demostrado en los doce años que lleva viviendo en Barcelona, que es un crack dentro y fuera de los terrenos de juego. A nivel futbolístico, los resultados cantan por sí solos, solo hay que ver los títulos conseguidos y cómo los ha conseguido, con su equipo jugando como los ángeles. Pero es que en la vertiente humana todo el mundo se llena la boca hablando de él, especialmente las jugadoras que han estado en contacto y que han compartido el vestuario azulgrana. Todo bondad, este técnico gallego ha sido, además, un ejemplo fehaciente de integración, una bofetada a los catalanófobos. Este lunes, con la resaca de la victoria y todo lo que han vivido estas últimas horas, ha charlado con Jordi Basté en RAC1 y nos ha emocionado, como hace unos días lo hizo Míchel, el entrenador del Girona, cuándo le respondió a Basté por qué aprendió catalán: "Porque otra cosa no la entendería: Lo tuve muy claro desde el primer día. Por mi educación, por mis padres y por la manera como somos en Vallecas, las tradiciones y la cultura. Para mí es fácil. Es cultura. Soy mejor persona ahora que hace tres años, seguro. Puedo hablar con gente que antes no. Es muy bueno para mí. No tengo ninguna duda de que es mejor hablar catalán en un lugar donde todo el mundo lo habla. Es difícil para mí pensar en nada malo de esta situación. Hay gente que lo piensa, y no lo entiendo". Y ahora, Giráldez, ha seguido la misma línea hablando así del catalán.

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Llegó a Catalunya en septiembre del 2012, desde un pueblo de Vigo, "donde tenemos dos idiomas oficiales, el gallego y el castellano. Yo creo que la riqueza como individuo a nivel interno es muy constructivo. Yo en casa, al llegar, vivía con mi pareja y el catalán no lo hablábamos, pero en la Federación Catalana solo hablaba en catalán. Te hace crecer como persona. Hay sinergias a nivel mental que se configuran para que tú puedas ser mejor profesional y mejor persona". Giráldez tiene claro que "el hecho de adaptarte a una cultura nueva, cuando yo llegué a Barcelona no conocía a nadie, todo iba demasiado rápido. Mi crecimiento personal dentro de la sociedad y la cultura catalanas ha sido inmejorable. Aprendiendo un nuevo idioma e integrarte dentro de la sociedad catalana, con lo bien que me han tratado, hoy en día puedo decir que soy mejor persona"... Maravilloso. Como ha dicho Basté al oírlo: "Ya no hay que decir nada más ni lo podemos mejorar". Jonatan Giráldez, un culé y catalán para siempre. Gracias por todo y que le vaya muy bien en los Estados Unidos, se lo merece.