Joaquín Sabina sufrió un ictus en febrero de 2001. Desde entonces prometió que cambiaría su estilo de vida, que en su juventud había sido demasiado desfasado. El cantante confesó que no había sido un buen marido, ni un buen padre, ni tan siquiera un buen amante. Quiere pasar más tiempo con los suyos, su mujer y sus dos hijas. Arreglar los errores del pasado, de los que no se arrepiente porque al final es su experiencia y no cambiaría absolutamente nada de aquella época. Aunque reconoce que no ha estado bien ni se lo recomendaría a nadie, no era una buena vida y podría haber acabado muy mal. De hecho, esa juventud tan alegre es la que le habría perjudicado en su salud a día de hoy, a sus casi 77 años.

Joaquín Sabina
Joaquín Sabina

Ahora tiene más tiempo libre y se centra en la pintura y en la lectura, dos de sus grandes pasiones. Además, se rumorea que podría estar escribiendo un libro de memorias, incluso trabajando, poco a poco, en un nuevo trabajo discográfico, pero que por primera vez no tendrá gira.

Joaquín Sabina reconoce su adicción a las drogas y al alcohol 

Joaquín Sabina nunca ocultó la realidad. En sus noches de desenfreno nunca faltó alcohol ni drogas. Él ha hablado sin tapujos acerca de estos temas. El cantautor jiennense ya no abusa de las sustancias ni del whisky ni del “sexo continuo", algo que dejó al cumplir los 50 años, poco antes de sufrir el ictus en 2001, según relató en 'Sintiéndolo mucho’.

En esta película biográfica recuerda que “sin la cocaína no hubiera podido componer uno de mis mejores discos, '19 días y 500 noches', que grabé en sesiones de tres días sin dormir. Ese punto de concentración obsesiva que da la coca es imposible de encontrar de otra manera», confesó ante las cámaras el cantante al hablar de su aplaudido proyecto musical, que escribió “a base de whisky, cocaína y café”.

El momento de cambio llegó cuando se dio cuenta que las drogas no le proporcionaban placer. "Me di cuenta de que no me proporcionaba placer, sino que me lo quitaba. Algún médico dice que eso se quedó ahí agazapado. El ictus seguro que tiene que ver con la mala vida”, reconoció el artista en una entrevista con Risto Mejide.

Dejaron de generarle experiencias felices, más bien todo lo contrario. Y es lo que ha derivado en sus problemas de salud y en el susto que tuvo en 2001. “¿Que si las echo de menos? Sí. ¿Que si caeré otra vez? No”.

Poco después de aquel ictus, Sabina cayó en una depresión de la que no fue fácil salir. “Me pasé semanas en que no salía ni al pasillo, venían amigos queridísimos a los que me negaba a ver... Si tenía una entrevista, vomitaba por las mañanas y sudaba frío. Cuando tuve el ictus me recuperé perfectamente, sin secuela física alguna, pero a los tres o cuatro meses después entré en este agujero negro”, reveló en El País Semanal.

joaquin sabina hijas
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