El centro geográfico de Catalunya se encuentra señalizado en lo alto de una pequeña colina de 930,60 metros de altitud sobre el nivel del mar que está situada a muy poca distancia del santuario de Santa Maria de Pinós, dentro del municipio de Pinós, en el Solsonès. Bueno, eso, teóricamente, porque una vez allí, la cosa iba variando de localización. Es uno de los momentos hilarantes que nos regaló el estreno de la nueva temporada (la décima) del programa más querido y visto por los catalanes, El Foraster, que volvió con una audiencia brutal, un 27,1 % de share y una media de 483.000 espectadores, siendo líder absoluto en Cataluña.
Fue un estreno como nos tiene acostumbrados el bueno de Quim: nos hizo partirnos de risa, nos emocionó, conoció muy bueeeena gente, encontró vecinos peculiares y nos acercó historias de vida que nos despertaron una sonrisa y nos provocaron también alguna que otra lagrimita. Un Quim Masferrer que habló abiertamente de número de masturbaciones, de cómo va de erecciones y que por primera vez, tal como bromeaba el mismo Masferrer, vivió un "hecho histórico en 'El Foraster': Quim Masferrer conoce al primer payés que no se queja":
Pero sin duda, el momento más sobrecogedor fue cuando conoció a Glòria. Y eso que la misma vecina de Ardèvol, en Pinós, primero nos hizo llorar de risa cuando la encontró, al lado de una silla vacía, por si pasa alguien y se quiere sentar, y que le habló de las bondades culinarias de la zona: "Hacemos fiestas allí en el local, hacemos calçotadas, un día hicimos una mariscada... ¡y pescado fresco, eh! Nada de congelado. Todo fresco: sepia, merluza, mejillones de roca, almejas, cigalas, gambas, navajas también, un buen vino, coño, y también hacemos el pesebre viviente, y al final, una tostada con butifarra para todos. ¡Madre de Dios purísima! Después hacemos judías con panceta, que la compramos un mes antes, la salamos y la colgamos, y después se seca, y cuando la cueces, esa corteza hace crec, crec, crec... ¡Oooooh! Y con el jugo de la panceta aderezamos... ¡Oooh! ¡Buenísimo! Y después, carne de cordero, butifarra blanca y butifarra negra. ¡Y después hacemos la salsa! ¡Que la hacemos nosotros, eh! Y agua, y vino blanco, y negro, café, cava, licores... ¡de todo!!". Qué festival.
Después, pero, de hacernos llorar de risa con el menú gastronómico, Glòria nos ha sobrecogido. Cuando Quim le pregunta si vive sola en aquella casa, ella le habla de su marido Domènech... con quien vivió allí toda la vida y que, por desgracia, falleció hace un año: "Hace un año que se me murió el hombre, se mató, murió de un accidente, chocó con un camión y quedó muerto. Yo estaba sentada aquí, llega un coche y yo ya me pensé que había pasado algo: '¿Qué me venís a decir: qué ha muerto?'. He llegado a la conclusión de que era su hora, así es la vida. Ahora hablo con él, le explico, cada día voy a caminar al cementerio". Y para allá que van.
"Viene aquí, y aquí le explica cosas...". "Sí. No me contesta, pero sé que me oye. Es que era toda una vida, ¿eh? 52 años de casados, ¿eh? Los dos íbamos siempre juntos, a todos los sitios, siempre juntos. Y claro, esto todavía se echa más de menos", dice ella. Y Quim: "Si os volvéis a encontrar, dentro de mucho tiempo, cuando vos faltéis, quizás le está esperando con una silla vacía, ¿eh? Sería muy bonito". Por conversaciones como estas, por personas como Glòria, y por el recuerdo de su querido Domènech, es por lo que merece la pena un programa tan maravilloso como El Foraster.
