Barcelona es una ciudad acostumbrada a recibir a gente de todas partes. Desde hace décadas llegan estudiantes, profesionales, artistas y familias enteras. Muchos la eligen por su clima, su cultura y su estilo de vida. Sin embargo, detrás de la imagen cosmopolita, hay una queja que se repite una y otra vez: hacer amigos es muy complicado.
Los comentarios en redes sociales y foros son claros. Los catalanes mantienen sus círculos cerrados. Suelen conservar los amigos de la infancia y rara vez los sustituyen por nuevas amistades. Para los recién llegados, eso genera una sensación de distancia y de falta de integración.

La mayoría coincide en que los catalanes “son muy cerrados”
Un extranjero que escribe en Reddit lo resume así: “Todos los que conozco aquí o lo pasan mal haciendo amigos o terminan buscando solo a otros extranjeros”. Otro añade: “Después de vivir en Madrid noté la diferencia. Allí era más fácil conectar con los locales. Aquí, cuesta mucho más”.
La experiencia no es única. Incluso algunos catalanes reconocen la dificultad. “Además de los amigos de mi barrio o mi pueblo, no he logrado conectar con gente nueva en Barcelona”, confiesa un joven. La propia población local admite que la ciudad no es sencilla para entablar vínculos.
Eso no significa que no existan oportunidades. Muchos coinciden en que hacer planes sociales es relativamente fácil: salir de copas, compartir cenas o asistir a conciertos. El problema surge cuando se busca un nivel más profundo: confianza, apoyo y amistad verdadera. Ahí empieza lo que todos llaman “lo difícil”.

Algunos explican que los catalanes pueden mostrarse más cercanos cuando están rodeados de otros catalanes. Otros destacan el papel del idioma: es común que cambien al catalán en mitad de una conversación, muchas veces sin darse cuenta. Para algunos extranjeros esto se percibe como una barrera.
No obstante, también se destacan aspectos positivos. “Si logras ser amigo de un catalán, será para toda la vida”, comenta una residente. La dificultad inicial se compensa, según muchos, con una lealtad muy sólida.
“Se puede encontrar gente maravillosa, pero no ocurre en dos semanas”
La comparación con otras regiones de España es inevitable. Madrid o Andalucía suelen describirse como lugares más abiertos. Sin embargo, en general, España mantiene una reputación de ser más amigable que los países del norte de Europa.
Los consejos para integrarse abundan. Aprender catalán y español es fundamental. También lo es mostrar un interés real por la cultura local. Un ejemplo claro son los Castellers o las actividades tradicionales, donde los recién llegados son recibidos con los brazos abiertos.
Quienes llevan años en la ciudad aseguran que todo depende de la actitud. “Hay que invertir tiempo y energía. Si lo haces, encontrarás gente maravillosa. Pero no esperes que ocurra en dos semanas”, dice una extranjera casada con un barcelonés.