Jordi Basté lo necesitaba. Bueno, él, y 600 personas más. De hecho, él, 600 personas más, y si hubiera habido espacio, toda Catalunya. La pandemia ha hecho perder muchas cosas. Algunas, de tan necesarias para el espíritu humano, para la salud, para sentirse vivos, como ir a un concierto y disfrutar como un loco saltando, bailando y cantando las canciones de nuestros grupos preferidos. La pandemia nos ha mutilado una de las cosas más liberadoras que hay en este mundo, pero poco a poco se empieza a ver la luz al final del túnel.

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Jordi Basté / @jordibaste

El periodista de RAC1 ha estado este fin de semana en Girona. Y allí podríamos decir que le han saltado las lágrimas al regalarle a sus sentidos algunas experiencias que hacía tiempo no recordaba. Por ejemplo, ir a El Celler de Can Roca y tener en frente maravillas como estas:

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El sentido del gusto, el olfato o la vista, en su máximo esplendor. Faltaba el sentido del oído. Y eso es lo que pudo satisfacer en Girona. En el editorial para empezar semana, Basté, sin embargo, ha empezado hablando de Liverpool, donde este fin de semana ha habido un festival de música "con 3000 personas expresamente para la ocasión coronavírica, sin mascarilla, sin ninguna distancia de seguridad y al ritmo de Fatboy Slim. Gran prueba, alegría colectiva". Pero ni por todo el oro del mundo Basté hubiera cambiado Girona por Liverpool. El director de El món a RAC1, el sábado por la noche estaba en el Auditorio de Girona con 600 personas más: "Concierto de La Casa Azul que se iniciaba con un anuncio con pitada popular". ¿Cuál?: "Tengan la bondad de no levantarse de la silla".

baste no puede ser TUIT

Jordi Basté / TV3

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Guille Milkyway, La Casa azul

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Jordi Basté y Guille Milkyway / RAC1

Basté, obediente, como el resto del público, a punto de escuchar y vibrar con su amigo y colaborador en RAC1, Guille Milkyway. Obediente..., durante un par de canciones. "No hay anomalía más inexplicable que la de bailar sentados... Aguantamos... cuatro canciones. Cuando sonó 'Esta noche solo cantan para mí', las 600 personas dijimos que ya basta".

No nos extraña. Imposible permanecer sentado con esta maravilla de tema. A partir de aquel momento, "distancia de seguridad, gafas empañadas por la mascarilla, cantar con bozal, sin bar, sin copas... de acuerdo... ¿Pero bailar? Bailar, no. Fueron pocas canciones de pie, bailando una revolución, no sólo 'sexual', sino también una vírica". Fueron pocas, pero inevitables. Y una certeza y convencimientos en Basté y el resto del enfervorecido público: "En Girona demostramos que lo necesitábamos y que lo volveremos a hacer. Todo era extraño, pero Girona el sábado, sí que era Liverpool. Muchos volvíamos a bailar desesperadamente como si ni el tiempo ni el paisaje se hubieran detenido desde hace 14 meses. Vamos".

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La Casa Azul, en Girona / ACN

Cómo dice su hit La revolución sexual: "Va a suceder, el verano del amor, sé que va a suceder, la revolución sexual"... Lo que sucederá, aparte de la revolución sexual, será la revolución de los muchos que necesitamos como el beber, bailar y disfrutar como locos en un concierto.