Uno de los podcasts que más valen la pena actualmente es, sin ningún tipo de dudas, el Què t'ha passat? que regularmente regalan Joan M. Pou y Albert Om a sus seguidores. Dos comunicadores excepcionales, dos periodistas, dos colegas de profesión y por encima de todo, dos amigos. Dos personas que se entienden de maravilla, que tienen conversaciones públicas y privadas absolutamente indispensables, y que hace muchos años que hablan sobre la vida, sobre lo que nos rodea y sobre las pequeñas cosas que de vez en cuando, se convierten en grandes temas de debate. Y a veces, de controversia. Normalmente, Joan M. y Albert tienen opiniones que van en la misma línea, opinan más o menos lo mismo y tienen unos valores parecidos. Cosa que se puede comprobar en el magnífico podcast mencionado.

Pero a veces, aparece sobre la mesa algún tema imprevisto que pone de manifiesto que cuando uno hace blanco, el otro hace negro. Y sobre las cuestiones más mundanas e insospechadas. En el último capítulo del Què t'ha passat? hemos asistido a una de estas divergencias inesperadas que han iniciado un encendido debate en la sala. Estupefacción y perplejidad por parte de los defensores de una costumbre y estupefacción y perplejidad por parte de los defensores de la costumbre radicalmente contraria a la anterior. ¿Dónde? Como siempre, como todas las conversaciones de este pódcast, la conversación ha tenido lugar en el restaurante y coctelería del cual es copropietario Joan M., el Jok, en la calle Mallorca de Barcelona. Una conversación grabada, como siempre, con público, el pasado 25 de marzo. Un público que se ha dividido con el tema que ha surgido espontáneamente.

 

Explica Albert que antes de grabar cada capítulo, antes de sentarse delante del público a charlar con su buen amigo, siempre tiene que ir "cambiar el agua del canario", por los nervios previos, a los lavabos del Jok. Unos lavabos donde pasa como en muchos otros establecimientos, que tienen unos grifos peculiares, por decirlo así. O que, directamente, no tienen grifos, sino aquellos detectores que dejan caer agua cuando detectan unas manos debajo de un agujero. Evidentemente, como las personas limpias y pulcras, Albert, después de hacer sus necesidades, se lava las manos. Y aquí es donde ha llegado el foco de discusión y sorpresa. Dice Albert: "los lavabos que tienes aquí, no sé si te pasa, pero te lavas las manos, te pones jabón primero, tienes toda la mano llena de sabor y...". Joan M. le corta, escandalizado: "¿Cómo? ¿No te mojas la mano primero? ¿En seco???".

Albert Om y Joan M. Pou en el 'Què t'ha passat?'

Y Albert: "Yo, primero, me sale el jabón, lo pongo en la palma de la mano, y entonces, intento abrir el grifo con el detector aquel. Pero siempre hay un momento que sufro que no me las detectará (las manos) y pienso: 'Ahora me quedaré con todo este jabón aquí'. ¿Podríais poner una flecha diciendo dónde te detecta las manos y dónde no? Pasa aquí y en muchos sitios, ¿eh?". Pero a pesar de la sugerencia de Om, Pou todavía está con los ojos como platos por el orden de la secuencia de Albert a la hora de lavarse las manos. "Me ha inquietado mucho tu liturgia, porque yo lo primero que hago es mojarme las manos antes de enjabonármelas". División de opiniones en la sala. "Se han disparado de repente 27 tertulias diferentes. Parejas que se han mirado como diciendo: 'Si lo llego a saber...'. Y Albert: "¿Qué sentido tiene mojártelas antes, si tienes que acabar poniendo jabón?". Respuesta: "Porque todo resbala mucho más, porque hace más espuma, una abundancia con el agua...". Y Om, erre que erre: "Uno de los lavaderos no ha habido manera de que me las detectara". Respuesta brillante de Joan M., que ha provocado una carcajada generalizada: "Si tienes las manos mojadas, te las detecta mejor, pero tú mismo". 

Albert Om - Foto: Sergi Alcàzar

Brillante. Por cierto, este debate ha provocado una derivada sobre las manos de Joan M., cuando fue con el equipo a los Estados Unidos, cuando presentaba el programa Cases d'algú en TV3 y viajaba mucho. En uno de los viajes, "que estábamos en un aeropuerto de los Estados Unidos, Iowa o así, el señor de la entrada me dice, en el detector de huellas, 'ponga el dedo, el pulgar...', y le iba cambiando la cara. Y me dice: 'Perdone, pero tendría que pasar a un despachito aquí al lado... es que no detectamos sus huellas'. Y yo lo miré intentando poner la cara del Gato con Botas de Shrek, y me tranquilizó, pero hasta que no buscáramos la manera de detectar la huella, todo el equipo esperando, y yo en el despachito. Trajeron otro aparato, finalmente no estaba en ninguna lista de narcotraficantes".

El Joan M. Pou con botas

Albert comparte que "Yo accedo a los aeropuertos como si llevara drogas, con estos nervios, 'algo encontrarán', ahora pitará, ahora no, ahora me abrirán esto, llego a dudar de mí y de si llevaré algo o no". Albert Om y Joan M. Pou, sensacionales, una vez más. Recuperen el capítulo 13 (y el resto) de este pódcast. Vale mucho la pena. Y antes, lávense las manos, primero con agua o con jabón, como ustedes gusten.