Vaya por delante que ella y su marido Arnau, y padre de sus hijos, están enamoradísimos y felices de la vida, y que la experiencia lamentable que ha confesado no tiene nada que ver con él, no van por ahí los tiros, pero sí que se produjo al día siguiente de prometerse amor eterno con su pareja, tal como ella misma ha revelado. Hablamos de la maravillosa actriz y creadora de contenido Nuria Casas, que después de muchos años haciéndonos partirnos de risa haciendo vídeos sobre sus experiencias como educadora infantil, ahora hemos tenido la suerte de verla hace poco haciendo un papel en La casa nostra de Dani de la Orden en 3Cat, compartiendo escena, por ejemplo, con Laura Rosel.

Una Nuria que ha confesado en La Ruina de Ignasi Taltavull y Tomàs Fuentes uno de los peores momentos de su vida, y no precisamente con su querido Arnau. Año 2022. Hace cuatro años. Antes de empezar a aparecer en series o subir encima del escenario de diferentes teatros, como decíamos, Nuria se ha ido haciendo un espacio como creadora de contenido. Una creadora de contenido que hace mear de risa a sus seguidores con su manera hilarante de explicar su día a día, por ejemplo, su experiencia como maestra de niños pequeños.


Y aquel año la invitaron a su primer viaje como creadora de contenido. Un viaje, ni más ni menos, que a la República Dominicana, a un hotelazo, para promocionar el hotel en cuestión. Y para allá que fue. No se lo pensó dos veces... y eso que se había casado el día antes de coger el vuelo: "Me casé el día antes y me iba el día siguiente con gente desconocida, o sea, mi marido, Arnau, estaba muy contento", dice entre las risas del personal. Ella intentó ir con él de acompañante, pero le dijeron que nanay.

Ella, que se considera muy tímida y reservada cuando conoce a gente, muy vergonzosa cuando se tiene que integrar en un grupo, constató que en el hotel, al llegar, "había actores, gente de tele, creadores de contenido de millones de seguidores... yo era la pringada a la que no conocía nadie. A esta gente me la tendré que ganar por mi simpatía", pensó. La primera mañana en la República Dominicana, en el hotel, baja a desayunar y ve que ya había mesas con grupos hechos. Se sienta en una de las mesas, con timidez, y la firme voluntad de agradar. Una compañera de mesa le recomienda fervientemente que "aquí la papaya está buenísima, tienes que probarla". Y ella, que "nunca jamás había probado la papaya, me voy al buffet. Como soy una persona que le gusta quedar bien y que la gente me quiera, me llené el plato, me hice una torre de papaya, y empiezo a comer papaya y a hacer amigos"... La gente empezó a marcharse, y un grupo decidió ir a una joyería del hotel. Ella les acompañó...

"De repente empieza a venirnos un olor... un olor muy heavy, ofensivo, muy desagradable... Me empiezan a caer gotas, a ponerme blanca, a tener un retortijón...". Se dio cuenta de que la causante del hedor era ella, que se le había escapado una ventosidad. Agobiadísima, constató que "me cago. Mi dignidad murió". Empezó a correr por los pasillos, "ni me acordaba del número de mi habitación". Desesperada, se agachó en el suelo, temiendo lo peor. Y dos de los compañeros del grupo de influencers se la encuentran y le dicen si está bien. Ella se inventó que se había caído y se había torcido el tobillo... Y ya la ves yéndose por la pata abajo, y haciendo ver que caminaba coja, para seguir con la mentira. Finalmente, consiguió llegar a su habitación, donde todo lo que tenía dentro, salió en explosión: "abro la puerta, la cierro y... bueno... Lo que pasó ahí no lo puedo contar. Solo os puedo decir que me metí en la ducha con la ropa puesta. Me duché con la ropa para limpiarla, luego me quité la ropa y me duché, limpié la ropa, me maquillo y bajo, porque nos íbamos de excursión". No acaba aquí la cosa.

En el autocar, se le acercan diferentes compañeros preguntándole cómo estaba, porque ella seguía representando que iba coja por la supuesta caída... hasta que apareció uno gritando "Nuria, tía, le he preguntado a todo el grupo, pero nadie tenía Fortasec, pero no te preocupes que yo tenía uno en la mochila y te lo doy... Y he pedido dos más en recepción... Así que decidí ser súper digna y dije: 'la papaya no me ha sentado bien, no estoy coja... y a partir de ahí nos hicimos mejores amigos. Creo que la ropa la dejé allí. Jamás se lo había contado a nadie".
Núria Casas, maravillosa... Eso sí... tenemos curiosidad por saber si desde aquel día, ha vuelto a probar la papaya...