A Dani Rovira, como a cualquier persona con dos dedos de frente, le entusiasma el pódcast La Ruina de Ignasi Taltavull y Tomàs Fuentes. Por eso el actor andaluz ya ha ido hasta cuatro veces al espacio donde los invitados y algunas personas del público comparten públicamente algunos momentos de sus vidas donde han protagonizado ruinas como una catedral, momentos de vergüenza ajena, muertos en el armario que todos tenemos, y los confiesan delante de todo el mundo. Y, evidentemente, en esta cuarta visita a La Ruina ha venido con otra anécdota hilarante, "fresquita, fresquita, ha pasado hace poco". Y empieza dando un titular: "Os voy a contar el día en que por culpa de una costilla mía, potencialmente podrían haber metido a tres amigos míos en un calabozo".
Año pasado, "el peor año de mi vida, el curro no terminaba de ir guay, tuve una ruptura, murió mi padre, el carnet de conducir caducado...". Un año catastrófico, y de este caldo de cultivo de ruinas, tuvo dos operaciones quirúrgicas. La previa de una de ellas, fatal, ansiolíticos, "me lié tres o cuatro esa noche"... y al día siguiente, una entrevista para El País. Después, primera operación, "te hemos quitado un trombo que tenías en una vena, un catéter, un par de días en la UCI". Cuando le dan el alta, se va a pasear un domingo, y ve que la moto no está donde él la había aparcado. Segunda operación, porque la primera se había complicado. "Tenían que abrirme, quitarme un trozo de costilla, quitarme el trombo y meterme un muelle. Yo entré en pánico, 'Me cago en la puta'".
La mañana antes de operarse, un colega le envía un vídeo: "'¡¡Hostia, Dani!!! ¡¡Tu moto está aquí!! ¡¡Hijoputa el que te la ha robao, encima se está paseando por el barrio!'... Y yo ya estaba con la mochilita, a punto de irme a que me operaran. Yo no puedo ir a comisaría ahora, porque me tienen que abrir en canal". Y le dijo al amigo que cogiera la moto, con unas llaves que tenía Dani en su casa, "pillas la moto y la metes en tu garaje", hasta que él saliera del hospital. "Con esa incógnita me fui al hospital". Y allí le dijeron que necesitaba firmar un consentimiento, pero él se iba preparando, "la batita, enjuagarme la boca..." y allí no venía nadie con ningún papel. "Me meten a quirófano, mucho frío, una mantita, mucha gente, el anestesista, todos esperando a que firmara, con la vía puesta". Viene un amigo suyo y le dice que la irá a buscar a su casa...
Rovira retrocede, al día anterior, cuando otra amiga le preguntó si le preguntaría al cirujano si cuando terminara, le daría su costilla... "Doctor, ¿a mí, la costilla, me la podéis dar?", le preguntó al cirujano. Operan a Dani. Y se despierta, adolorido, aturdido, fatal. Y el representante, allí. ¿Y qué le dijo? "Tengo tu costilla en mi congelador", después de ir en coche por Madrid, con un botecito de muestras de orina, y dentro, la costilla de Dani Rovira. "No pasó nada, pero si le paran, hubiera podido tener problemas con la justicia. Igual que los otros".
Dani Rovira, maravilloso. Con o sin costilla.
