El rey emérito está decidido a llegar a nonagenario pero no depende de él. Con 88 años recién cumplidos, Juan Carlos ha salido a desmentir nuevos rumores sobre su estado de salud. Ha dicho "Que dejen de matarme. Me encuentro muy bien, me cuido y hago ejercicio todos los días". Nada nuevo, durante su reinado pasó por multitud de operaciones entre el silencio de la Casa Real y la evidencia de que tenía un cuerpo muy maltrecho. Ahora ya se sabe por qué, demasiados viajes fuera de agenda, demasiadas amantes, comisiones ilegales y safaris. El rumor viene de una foto colgada a traición por un amigo árabe del Borbón. Es una sobremesa en Ginebra con Juan Carlos está medio dormido, con los ojos entornados, perdido. Desaliñado, mal vestido, parece que haya perdido la cabeza.
El jeque Khaled Al-Bader Al-Sabah la colgó en sus redes y eso hizo volver los rumores de un final más inminente del padre del rey Felipe. Un periodista del corazón escribe en Diez minutos: " "Juan Carlos I ha estado y no ha estado en Ginebra, porque han subido a redes una foto, con fecha de enero, junto al jeque Khalid Al-Bader, pero resulta que el rey emérito no pasaba por Ginebra (Suiza) en ese exacto día ni tampoco en los días concéntricos. Allí estuvo, pero a saber cuándo. De modo que estaba y está fijo en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos). Más allá o más acá de los detalles equívocos del retrato misterioso, lo que sí parece resueltamente claro es que el hombre está ya mayor. Bastante mayor. Muy mayor, incluso. Eso no suscita ninguna duda, y ya hemos sabido que los médicos le han aconsejado moverse poco o nada, en las épocas últimas".
El periodista Ángel Antonio Herrera acaba asegurando: ""Hemos asistido a lo que ya sabíamos: está mayor, pero también está delicado. Esa foto de don Juan Carlos en Ginebra, hace poco, pero sin fecha acreditada, nos acerca a una necesaria reflexión de futuro, que pasa por evaluar si debe o no deber seguir viviendo en el extranjero". El cierto es que el rey hace mucho tiempo que no va a Sanxenxo a hacer regatas, ni a Madrid, ni a ningún sitio. Va cojo, necesita bastón y un guardaespaldas para subir un escalón. Y sentado tampoco mejora como revela la foto del jeque. Todos los que han puesto en peligro la institución de la Corona han desaparecido: Jaime del Burgo, el primo de Letizia David Rocasolano, y los dos yernos, Marichalar y Urdangarin no han hecho ni una mención crítica a Zarzuela. El que habla no sale en la foto. Y en su caso, después del exilio solo hay una manera de que calle para siempre. Zarzuela lo tiene monitorizado, recibe en tiempo real su estado de salud a través de un anillo.
Joan Carles ha añadido un nuevo anillo de titanio en el dedo corazón. Es un anillo especial, un Oura Ring de 900 euros que le sirve para contar las pulsaciones, la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca o el oxígeno en sangre. Si se está muriendo el anillo le avisará con un mensaje al móvil. Los escoltas del emérito y la Zarzuela reciben esta información en tiempo real de la salud del monarca. Saben que cuando el anillo envíe información fatal habrá que poner en marcha de urgencia todo el protocolo: aviones medicalizados, quirófanos en España, hacer que el cuerpo del emérito aterrice en Madrid vivo o muerto, y todo a punto para lo que ha de pasar de manera inexorable: el funeral del rey.
