El libro de memorias de Iñaki Urdangarin no explica nada, no revela nada ni ha hecho temblar Zarzuela. Casa Real tiene los mecanismos más potentes del Estado, el CNI, el Ejército y todos los Ministerios disponibles, para atacar a sus enemigos. El único libro contra la Familia Real que acabó publicado fue el del primo de Letizia, David Rocasolano, un abogado que acabó condenado y desaparecido de la faz de la Tierra. Nadie sabe dónde está. El otro libro que estaba anunciado que fulminaría la Corona es el de Jaime del Burgo, el amante de Letizia. No se publicará jamás y todos los tuits en los que informaba dónde, cuándo y cómo se metía en la cama de la reina han desaparecido. Fulminados como el mismo Jaime del Burgo, que no se sabe dónde está. Con estos precedentes, todo hacía pensar que el libro de Urdangarin no diría nada. Y así ha sido. Ni una revelación, solo mentiras y autoindulto. La noticia es que se ha acabado publicando. Y ha enfadado no solo a Cristina, que culpa del divorcio la infidelidad de su ex, sino al otro cuñado real: Jaime de Marichalar.

El ex duque de Lugo fue el primer expulsado de Casa Real. La infanta Elena se hartó de la doble vida de su marido y alegó "consumo de cocaína" en su escrito de divorcio, como reveló una revista de la época. En aquel momento no se publicó nada de la pensión de divorcio que Elena debía pagarle mensualmente a su ex, como se estipula en cada boda de un Borbón en las capitulaciones matrimoniales que Zarzuela obliga a firmar. El silencio vale dinero y la Corona no puede permitirse que un ex hable de los secretos que ha visto en Palacio. Pero Jaime de Marichalar no agradaba a nadie dentro de la familia y después de su ictus quedó apartado, marginado. Su peor error llegó con el divorcio. Marichalar insinuó que haría una petición que atentaba contra la esencia de la monarquía, abordó el tema más tabú, más sensible para la Corona: la custodia de los hijos. Lo único que garantiza la Corona son los hijos, los herederos, los sucesores. Por definición. La monarquía es eso. Y Marichalar planteó el gran tabú: la custodia compartida. Que Zarzuela perdiera, si no totalmente, sí parcialmente, el control de los sucesores a la Corona. Aquella línea roja arruinó a Marichalar y se quedó sin ni siquiera pensión: fuera. Iñaki Urdangarin era consciente y ha esperado a divorciarse a que sus hijos fueran adultos. Y por eso ha roto este pacto de silencio pero solo en apariencia porque su libro no dice nada. Pero Marichalar, siempre a la sombra del perfecto yerno Iñaki, ahora ha explotado contra Urdangarin en boca de su hermano, Álvaro de Marichalar.

Álvaro: "Yo creo que, a mi juicio, el consorte de una infanta, como es Iñaki Urdangarin, por principio, no tiene que decir nada nunca. Ahí está el ejemplo del consorte o exconsorte de la infanta Elena, que es mi hermano Jaime, que no dice nunca nada, en ningún momento, porque no tiene nada que decir, porque no puede decir nada si respeta la institución, y si respeta su papel, y si se respeta a sí mismo. Yo creo que un consorte no tiene, insisto, nada que decir, y eso incluye a la reina consorte". Un dardo contra Iñaki y contra Letizia, avisándola de que cuando caiga en desgracia y se acabe divorciando de Felipe, no intente explicar nada. Zarzuela exige silencio. Omertà.
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