La infanta Elena goza de protección por Casa Real aunque ya no tenga ningún compromiso institucional y se le retirase de los Presupuestos Generales de Estado. Mucho se ha hablado de los escoltas con la petición de Iñaki Urdangarin de mantenerlos, aunque esté a punto de firmar el divorcio con la infanta Cristina y ya no tenga ninguna vinculación con la familia real.
Se desconoce cuantos escoltas garantizan la seguridad de Iñaki Urdangarin, pero se sabe que la infanta Elena dispone de un total de ocho hombres a su disposición a lo largo de las 24 horas del día. Son cuatro por el día y cuatro por la noche. Hay vacaciones, jornadas extras, incidencias… Mínimo necesitan cuatro personas a su servicio.
Tanto la infanta Elena como la infanta Cristina cuentan con el mismo número de escoltas, pero en el caso de la mujer de Iñaki Urdangarin al vivir en Ginebra no dispone de este servicio, solo cuando entra en España. Ambos disponen de personal de seguridad estático y dinámico. El primero es que sigue a la persona y la acompaña en todo momento. La segunda es que se queda en el coche en los alrededores de su domicilio para vigilar los movimientos que hay alrededor del sujeto. Por el día a la infanta Elena le acompañan cuatro dinámicos y por la noche estáticos. Se quedan por los alrededores de su casa vigilando la entrada desde el coche.
La infanta Elena va todas las tardes a Zarzuela
En más de una ocasión se ha podido ver como la infanta Elena no ha tratado de la mejor forma posible a sus escoltas. Ella los tiene como un lujo más. Los trata con aires de superioridad y generalmente son los que se llevan todas las culpas. Todas las personas que han estado a su servicio se quejan de su carácter malhumorado y de su actitud altiva, les trata con desprecio. Una falta de respeto.
Ahora se ha conocido que estos cuatro escoltas la vienen a buscar al trabajo y seguidamente, antes de pasar por casa, la llevan hasta Zarzuela. Allí se reencuentra con la reina Sofía, la visita todos los días. Le hace la reverencia, hablan un rato y se marcha a los establos para coger su caballo y practicar su deporte favorito, la hípica. Pasadas un par de horas vuelve al centro de Madrid con los mismos escoltas. Es en ese momento cuando acaba la jornada laboral de los escoltas dinámicos, una vez en casa se quedan los estáticos.
