Casa Real ha tenido que ocultar muchos episodios oscuros en la vida de Juan Carlos. El padre de Felipe VI tenía una intachable carrera, sin embargo, en 2012, salieron a la luz algunas de sus fechorías, como la caza indiscriminada de elefantes en Bostwana o las famosas tarjetas Black. La ciudadanía le perdonó toda su colección de amantes, al final pertenece a su índole personal, pero jamás perdonarán episodios de fraude fiscal donde se sintieron engañados. Es en ese momento cuando Felipe y Letizia tuvieron que actuar y obligar al emérito a abdicar, un hecho histórico en la monarquía española. Fue la primera humillación pública al exmonarca. A partir de ese momento empezó su declive.
Por todos es conocida la fama de mujeriego de Juan Carlos I. El emérito ha estado con más de 5.000 mujeres, y todavía a día de hoy continúa ampliando esa lista de amantes, a pesar de sus problemas de movilidad y su avanzada edad. La mayoría de estas mujeres eran prostitutas de lujo. Las financiaba con el dinero de Casa Real.
Juan Carlos I mantuvo relaciones íntimas con 5.000 mujeres
“El número exacto de encuentros sexuales del “depredador Juanito” que yo volqué en mi libro ascendía a 4.786 (redondeé a 5.000 en el trabajo), cifra sacada con un gran esfuerzo y una voluntad de monje cisterciense, de los múltiples documentos que durante años llegaron a mi poder en los largos años que permanecí en altos puestos de la Inteligencia Militar española como el Estado Mayor del Ejército (EME), jefe de Operaciones e Inteligencia de dos Brigadas operativas y como profesor principal de Estrategia e Historia Militar en la Escuela de Estado Mayor”, explicó en una entrevista para El Plural el excoronel Amadeo Martínez Inglés.
Según su versión, estas mujeres cobraban una cantidad de dinero para tener relaciones íntimas con Juan Carlos. “La mayoría de las mujeres que se han acostado o han sufrido los juegos eróticos de este perverso personaje eran y son prostitutas. Naturalmente de alto, altísimo standing. En la primera división jugaban las altas féminas españolas asociadas normalmente al espectáculo, la canción, la política, la moda, la nobleza. Estas mujeres estaban a la orden -nunca desobedecida, faltaría más- de los “celestinos zarzueleros” que cursaban las peticiones del “sultán español” con apenas unas horas de antelación para que la agraciada se personara en orden de revista en el lugar señalado de antemano, donde sería recogida con el mayor secreto y trasladada al picadero regio correspondiente”, comentaba en dicha entrevista.
Y concluye: “Pero prostitutas nacionales eran las menos. Lo normal era contratar mujeres muy especiales de fuera de España. Tanto la nacionalidad, como la altura física, como el color del pelo, como el tamaño de los pechos, como su altura social eran fijadas escrupulosamente por Juanito. Eran traídas al lugar elegido en este país para recibir en olor de ‘amor puro y desinteresado’ al impúdico Borbón”.
