Mónaco es el único país europeo, minúsculo, un paraíso fiscal incrustado en la Costa Azul francesa, que cuenta con un sucedáneo de Familia Real que ha adquirido más fama que la inmensa mayoría de reyes y reinas europeos. Subsisten 10 monarquías en Europa: la más popular es la británica, las más formales son las nórdicas, Noruega, Suecia, Dinamarca, en el centro de Europa quedan Holanda y Bélgica y en el sur solo subsiste España. Y después quedan tres pequeños principados: Luxemburgo, Liechtenstein y Mónaco. Nadie sabría decir el nombre de los jefes de Estado de estos micropaises excepto uno: Mónaco. El glamour de los Grimaldi hace décadas que inunda la prensa, desde que Rainiero decidió casarse con una actriz luminosa, Grace Kelly. Quedan sus tres hijos: la pequeña Estefanía de 61 años, el mediano Alberto de 68 años y la gran matriarca de la familia, Carolina de Mónaco de 69 años.

El principado tiene tres princesas, la que debería ser jefa de Estado si Mónaco no mantuviera la prioridad del hombre sobre la mujer en la sucesión, la díscola benjamina y una princesa política, Charlotte, casada con Alberto. Mal casada pero esta es la maldición de los Grimaldi. Grace de Mónaco murió en el coche mientras lo conducía su hija menor, Estefanía se ha casado y divorciado muchas veces, y Carolina entre gigolós, maridos muertos trágicamente en una lancha y borrachos, no ha tenido suerte eligiendo hombres. Pero ella sigue allí, ejerciendo de matriarca del clan y ejerciendo del símbolo de la elegancia que se exige a toda Corona, grande o pequeña.

La revista italiana Diva e donna acaba de publicar las fotos que unos paparazzis le hicieron a Carolina mientras navegaba por la Costa Azul a bordo de su yate Pacha III. Los multimillonarios ponen nombres con números romanos a sus sucesivos yates. Y allí, plantada con un bañador rojo entero es la royal más elegante de Europa. Como recuerda el experto en monarquías Martín Bianchi, un día malo de Carolina es un buen día para cualquiera de nosotros. Mojada, sin peinar ni maquillar y en ropa de baño, espléndida:
Ya lo decía Ágatha: un mal día de Carolina de Mónaco es un buen día para cualquiera. pic.twitter.com/zhiHqQFdWb
— Martín Bianchi Tasso (@martinbianchi) August 25, 2026
La revista italiana escribe: "Sesenta y nueve años y todavía en plena forma. La princesa Carolina, por una vez sin sus hijos ni nietos, navega sola por el Mediterráneo a bordo de su Pacha III". Quizás es la soledad en el mar lo que le otorga esta imagen de plenitud y paz. Los Grimaldi de la siguiente generación, los nietos de Rainiero, son todos como los Borbones: vividores, vagos y dedicados a la dolce far niente, casados con grandes fortunas sudamericanas, como los Urdangarin y los Marichalar. Carolina tiene una sucesora, su hija Carlota. Ha heredado todo su ADN, la belleza, la elegancia y el fatalismo en sus amores.

Solo Carlota, ahora con 40 años, podrá en el futuro ocupar el lugar de Carolina en las revistas y en los corazones de los europeos que contemplan las monarquías como un culebrón, medio elegante medio hortera.