Mozart no necesita muchas presentaciones. Conocido como un niño prodigio. Sus manos eran oro, especialmente para tocar el piano. Componía y hablaba hasta tres idiomas, alemán, italiano y francés. Por este motivo llegó a la cima del éxito. Leopold, su padre, ya era un virtuoso de la música y se aprovechó del talento de su hijo. Durante diez años organizó una gira de conciertos para presentar al público a su hijo y ambos salieron ganando. Sin embargo, no contaba con que su hijo todavía era un niño y entre los descansos de las giras se dedicaba a escribir cartas cargadas de ironía y humor sobre excrementos.

A la que le dedicaba la mayoría de esas cartas en sus inicios era a su prima Marianne, con la que inició una relación que no fue del agrado de su progenitor. Él tenía 21 años y ella 19. “Acogeré tu noble persona como bien merece, te sellaré en las nalgas mi membrete, te besaré las manos, dispararé la escopeta del ano, te abrazaré de más, te pondré lavativas por delante y por detrás, te pagaré cuanto te debo sin descuidar ni un pelo y soltaré –y que resuene– un señor pedo (y quizá también algo sólido). Bueno, 'adieu', mi ángel, mi corazón, te espero con pasión”, escribió en una de esas cartas.
Mozart siempre estuvo enamorado de su prima, pero sabía que eso no iba a ningún sitio y debía formar una familia
En aquella carta, Mozart no perdonó ni la posdata: “P. D.: Hez Dibitor, el pastor de Rodemplo, lame el culo de la cocinera para dar perfecto ejemplo”. Por suerte ambos compartían el mismo humor. Entre iguales se entendían, como había admitido en una misiva a su padre enviada ese mismo año: “Marianne es bella, inteligente, amable, razonable y alegre... Lo pasamos muy bien juntos, porque tiene una lengua un poco viperina. Juntos bromeamos sobre la gente. Un verdadero placer”.
En 1977 escribió muchas más, la mayoría de ellas destinadas a Marianne. Bromeaba con ella sobre su conocimiento del francés; le preguntaba por la familia; le contaba las perrerías que vivía de acá para allá.
Se despidió con una carta el 10 de mayo de 1778. Siempre con esa subida de tono, pero dejando de lado la prosa. “Sóplame el culo / eso es muy bueno / y se siente tan agradable”. Así se despidió de su prima.
Contrajo matrimonio en 1782 con Constanze Weber. También le escribió cartas pero ya no eran tan sarcásticas, y es que con su mujer no le salía el mismo humor que con su prima. También era más mayor. Mostró un tipo de humor mucho más maduro, y formaron una familia con seis hijos. “Me excito como un chaval cuando pienso en estar contigo otra vez; si la gente pudiera ver mi corazón por dentro, casi debería sentirme avergonzado. Todo me resulta frío, no: gélido. Si tú estuvieras aquí conmigo, quizá disfrutaría más de la amabilidad que la gente me muestra por aquí; pero tal como son las cosas ahora, todo está vacío. 'Adieu', querida; soy para siempre tu Mozart que te ama con toda el alma”.
