Sigmund Freud, conocido como el padre del psicoanálisis, siempre fue un hombre de fuertes contradicciones. Quien descifró el inconsciente y enseñó a generaciones a mirar dentro de sí mismo también vivió una vida íntima llena de sombras, ambigüedades y pasiones que a día de hoy continúan de actualidad. Entre sus historias menos conocidas y más controvertidas está la relación que mantuvo con Minna Bernays, la hermana de su esposa, Martha, con quien, según testigos, tuvo más que una amistad familiar.

Nacido en 1856 en la localidad de Freiberg (hoy República Checa), Freud se mudó con pocos años a Viena, donde a partir de la década de 1880 empezó a surgir su carrera médica y teórica. En 1886 contrajo matrimonio con Martha Bernays, una joven con quien se escribía cartas y con quien tuvo seis hijos. Pero no es la única mujer en su vida personal, la hermana de Martha, Minna también formó parte del núcleo familiar de forma permanente, casi como si vivieran en común bajo un mismo techo.
La hermana de Martha era la amante de Freud, por eso vivía con ellos
La presencia de Minna en la casa de Freud no fue únicamente la de un familiar cercano. Con el paso del tiempo las crónicas de la época y algunos estudiosos han sugerido que la relación entre Freud y su cuñada fue más íntima de lo que dictan las normas sociales, es decir, que pudo ser su amante. En un momento de sus vidas, incluso se habrían registrado como pareja ante la ley durante unas vacaciones en los Alpes suizos, algo que en su momento asombró a los suyos y hoy alimenta la leyenda alrededor del neurólogo sobre su vida sentimental.
El trasfondo de esta historia no es solo escandaloso por el tabú que implica, sino también porque pone de manifiesto la complejidad psicológica de Freud. El propio fundador del psicoanálisis dedicó gran parte de su obra a explorar la sexualidad humana, las emociones reprimidas y las relaciones familiares, pero en su caso no siempre fue capaz de sujetar sus propias contradicciones personales a las normas morales de su entorno.
Lo cierto es que Martha, su esposa, siguió junto a él durante toda su vida, incluso después de que Freud optara por una abstinencia conjugal a partir de los cuarenta años, con el argumento de librar a su mujer de más embarazos tras el nacimiento de su sexta hija, Anna. Minna, por su parte, permaneció cerca del matrimonio como un pilar fundamental en el hogar, cuidando a los niños y apoyando el trabajo de Freud desde una posición ambivalente: confidente, hermana, ayuda constante… y, según algunas versiones, amante.
Nunca hubo una confesión pública ni documentos concluyentes, y la misma familia se encargó de preservar una discreción casi total.
