Parece mentira, pero no deja de sorprendernos que todavía hoy haya muchos hiperventilados que sulfuran y empiezan a sacar bilis por la boca cada vez que ven cualquier cosa que tiene que ver con la independencia y las libertades. Incluso, hay quien hoy en día, con los presos políticos ya en libertad, no esconden su rabia contenida y su ira hacia cualquier símbolo que remita a ellos y que a juzgar por sus palabras, no dudamos de que todavía hay muchos que querrían que continuaran entre rejas. Pero ya se pueden ir dando con dos piedras. Y esta mañana nublada del miércoles, quien se ha tropezado con uno de estos vecinos intransigentes y demócratas ha sido Pilar Rahola. Y no es la primera vez que le pasa. Pero como entonces, la respuesta ha sido como un sopapo con la mano abierta.

Pilar Rahola Entrevista librería Ola|Onda - Sergi Alcazar
Pilar Rahola / Foto: Sergi Alcazar

Recordemos qué explicó la escritora hace unos meses. Pilar Rahola tiene la sanísima costumbre, lleva haciéndolo desde que tiene uso de razón, de decir lo que piensa, defender sus ideas y aquello en lo que cree de manera firme. Y a quién no le guste que se aguante. La escritora piensa seguir defendiendo, entre otras cosas, su lengua y su país. Pero se ve que hablar en catalán y decir lo que piensa molesta a muchos energúmenos que querrían someternos a la España de una sola lengua única. Y eso es lo que tuvo que sufrir en su propia piel el pasado diciembre. El problema, sin embargo, es que no iba sola. La acompañaba su hija pequeña, Ada, que tuvo que ver y vivir una situación desagradable mientras paseaba por la calle con su madre. Intolerable. Rambla de Catalunya de Barcelona, esquina con la calle Rosselló. Iban las dos caminando cuando de repente, se les pone en frente una mujer, una tolerante, que le dijo, de manera airada, faltando totalmente al respecto y de forma lamentable: "¡Rahola, habla español! Terrorista"!... Terrorista. Una palabra que no le dijo una vez, ni dos. Hasta cuatro o cinco gritos repitiendo la misma barbaridad. Evidentemente, buscaba brega.

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Pilar Rahola

Pero Pilar respondió de la mejor manera posible, de la manera perfecta para que esta ciudadana se marchara a casa con el rabo entre las piernas, rabiando por dentro y sin haber conseguido su objetivo de intimidar lo más mínimo a la escritora. ¿Cuál fue su respuesta? Repetirle a la cara todo el rato dos palabras: "Feliz día".

Diciembre del 2021, abril del 2022... Han pasado cuatro meses y hay cosas que no cambian. Tampoco la mala educación, la intolerancia y el vocabulario de estos patriotas españoles. Les recomendaríamos una pizca más de variedad y originalidad. Y les damos un consejo: por mucho que le busquen las cosquillas a Pilar, lo que recibirán será una respuesta demoledora, de las que hacen rabiar más. ¿Cuál? La educación que ellos no tienen y la mejor de las respuestas posibles, la indiferencia. Porque a la escritora le ha vuelto a pasar. Calle de Córcega, entre la Rambla Catalunya y el Paseo de Gracia, en pleno Eixample de Barcelona. Sobre las diez y media de la mañana. La escritora ha salido a comprar algo de comer y topa con una señora muy emperifollada y con look ostentoso. Pilar iba vestida con una camisa negra y un precioso broche en el pecho, una flor de color amarillo:

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Pilar Rahola

Parece mentira cómo un pequeño complemento estilístico, cómo una aguja tan bonita como esta, puede ser, para algunos, como para esta señora que se ha encontrado Pilar, como si a Drácula le hubieran puesto en frente una cabeza de ajos. Ha sido verla vestida así y la señora empezar a convulsionar. ¿Qué le ha dicho a Rahola al verla?: un sarcástico e indignado "Mírala qué chula con su flor amarilla". Y acto seguido, el insulto habitual: "¡Terrorista"! chillado a pleno pulmón, como ha constatado la escritora. Lo mejor, sin embargo, su respuesta sublime: "Le he deseado los buenos días. La pobre señora debió de tener uno de malo...". La red aplaude su respuesta y se abona:

Como dice Pilar en otro tuit cuando le dicen que no tiene que ser fácil tener que aguantar a menudo según qué, "Le pongo paciencia. No tiene sentido pelearse con tontos en la calle. Venga, que les suene la yaya". Claro y catalán. Y evidentemente, que siga poniéndose las flores amarillas que le salga del moño. Y a quién no le guste, que se ponga hojas... o flores amarillas.