En un mundo donde todo el mundo hace lo mismo, donde la gente se copia las ideas, donde las secciones en la tele y la radio parecen todas cortadas por el mismo patrón, topamos de vez en cuando con algunos hallazgos originales, que te despiertan una sonrisa en la cara y te hacen estar pendientes para ver cómo acaba la cosa. Es el caso del 'Sembla mentida', una sección del excelente programa Aquí Catalunya de Marina Fernàndez en SER Catalunya, donde tres invitados VIPS explican alguna anécdota de aquellas que parecen increíbles, y donde dos de ellos dicen la verdad, explican unos hechos reales, y el otro miente. Recientemente, hemos tenido, por ejemplo, una historia curiosísima del mítico excapitán del Barça Jose Mari Bakero y su familia en Varsovia. Y ahora les acercamos qué le pasó a Raül Balam y su madre, la gran chef Carme Ruscalleda.
Unos hechos que ocurrieron mucho tiempo atrás, cuando él era un niño y tenía solo 15 años. Año 1992, año de los Juegos Olímpicos de Barcelona, pero también, de la EXPO de Sevilla, y el 'Sant Pau' se trasladó hacia allí, "mis padres fueron a cocinar al pabellón de Catalunya". Madre e hijo, juntos en la ciudad andaluza, dormían en el centro de Sevilla, en el que fue el primer viaje de ambos juntos. Una Ruscalleda que hasta entonces iba siempre con tacones, pero que después de lo que le pasó, dejó de hacerlo, "fue culpa mía, porque un poco más y la mato". Explica que al salir de la EXPO había una cola de miedo ("de tres horas") para coger un taxi para volver al apartamento. Era de noche, la EXPO estaba cerrando, "todo oscuro y debían ser las 00h-00.30". ¿Y qué hizo él? Decirle a su madre que volvieran a pie, que no había mucho rato.
Y allí veis a Carme y Raül, con un grupo detrás que se formó, y que les empezaron a seguir. "Empezamos a caminar, por los terrenos de la Cartuja, por caminitos de arena, no había nada". Hasta que llegaron a lo que se conoce como 'Puente del alamillo', que atraviesa el Guadalquivir. "Aquello es una autopista, una autovía. Encontramos unas rejas y no podíamos pasar. Pero no quería volver atrás y las abrí. Nos colamos en aquella autovía, coches que suben y bajan, y la atravesamos y pasamos al otro lado. Mi madre diciendo: 'Nunca más te hago caso'".
Una vez cruzado el puente, ¿cómo acabó la cosa? "Unos calores horrorosos, pero mi madre ya respiraba. Vimos un local que unos amigos suyos gays (yo en aquel momento todavía no había salido del armario) dijeron que estaba muy bien, 'El pequeño costalero'... No nos abrieron nunca. Era un lugar gay donde debían pasar muchas cosas allí, y debieron ver a una señora con tacones y las medias rotas, un niño pequeño... no nos abrieron, y nos quedamos tomando algo a la orilla del Guadalquivir".
Desde aquel día, no verán a Carme Ruscalleda con tacones. Una anécdota que ha compartido con la periodista Núria Casas y la escritora Regina Rodríguez Sirvent, y que vale mucho la pena recuperar.
