Las victorias tienen muchos padres y las derrotas son huérfanas. Pero esta derrota del Barça tiene muchas explicaciones: la principal es el árbitro que robó a los culés con una expulsión que no lo era y con un penalti no pitado. La segunda es que la plantilla culé es corta y no pudo hacer rotaciones el fin de semana como sí hizo Simeone que tiene la Liga perdida. O la tercera es que en momentos en los cuales el árbitro te está robando en la cara como el penalti más claro de la historia de la Champions, las manos dentro del área, no se gire todo el equipo culé a comerse al árbitro.  Una tibieza que tiene mucho que ver con la juventud y enorme calidad de los jugadores del Barça, que están más para jugar bien al fútbol que para protestar. Pero esta vez hacía falta una protesta sideral, de todo el equipo rodeando al árbitro para obligarle a revisar las manos en el VAR y que acabara en expulsión por doble amarilla y penalti.

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Lamine protesta, EFE

El Barça no ha perdido, solo se ha jugado la mitad de la eliminatoria contra el Atlético, por lo tanto nada está perdido y al equipo de Flick le falta tener que hacer una remontada en una eliminatoria a doble partido. El actual Barça es experto en remontadas pero dentro de un partido, no le ha hecho falta en dos partidos de ida y vuelta y cuando le hizo falta se quedó a tocar, contra este Atlético en Copa. Esta vez no hace falta una remontada espectacular: un 0-2 en el Metropolitano e ir a la prórroga no es una heroicidad inaccesible. Mientras los culés confían en ello un periodista de TV3 ha osado poner el acento no en el árbitro sino en la poca mala leche de los jugadores del Barça encarándose con el árbitro. Es Francesc Latorre, periodista y socio culé, de los que van al campo con su hijo:

Francesc Latorre, Ig
Francesc Latorre, Ig

Francesc Latorre: "Tengo la sensación de que a veces a los jugadores del Barça les falta mala leche, malicia o picardía... Si en lugar de Pubill y Musso fueran Joan Garcia y Gerard Martín, Simeone y los suyos se habrían comido al árbitro, se habría calentado el estadio y se hubiera revisado en el VAR...". Tiene toda la razón. Es la misma actitud poco agresiva que faltó en la eliminación del año pasado contra el Inter de Milán cuando Raphinha hace el gol de la victoria cuando quedaban pocos minutos y en lugar de parar el juego simulando faltas o perdiendo tiempo permitieron que el Inter empatara, por seguir queriendo jugar a fútbol y marcar el cuarto que no hacía falta. Es a la vez la grandeza y la kriptonita de este Barça glorioso y para sentirse orgulloso. Haría falta fichar un jugador arisco, agresivo y que sepa jugar estas partes grises del fútbol. Un Piqué, un Busquets, un Luis Suárez.