Los que hemos tenido la suerte de conocer y trabajar con Martina Klein constatamos que es una persona maravillosa. Y desde que conoció y se enamoraron con Àlex Corretja, nos ha robado el corazón todavía más, formando una familia preciosa. La modelo argentino-catalana, que debutó en los medios en el programa Les 1000 i una de Jordi González, que ha desfilado en pasarelas de todo el mundo y ha hecho mil campañas publicitarias, es, además de una profesional como la copa de un pino, una persona extraordinaria, todo bonhomía, siempre con una sonrisa en la cara. Una cara que se ha desencajado recientemente, de emoción, cuando ha visitado el programa 'A la cara' de Xavier Sardà y Frank Blanco en la Cadena SER.
Martina ha sido la tercera invitada de la segunda temporada de este programa conducido por los dos presentadores catalanes, donde se propone a los invitados, siempre VIPS, celebrities muy destacadas en su ámbito profesional, escuchar y responder de cara a algunos comentarios, opiniones, artículos o noticias que se han dicho o publicado sobre ellos. Una oportunidad para ajustar cuentas, para dejar las cosas claras o para resolver equívocos del pasado. Así, hemos visto, por ejemplo, cómo le han recordado lo que se dijo de ella cuando pisó sin querer a la reina Letizia en un acto.
Pero sin duda, el momento más inesperado, el que le ha tocado la fibra, ha sido cuando ha oído una voz que no se esperaba oír durante el programa. Ya que la cosa va de decir las cosas a la cara, ya que el mismo programa se llama así, han dado paso a una voz que le es muy familiar a Martina, y que la ha dejado sin palabras y con los ojos llenos de lágrimas. La voz del mayor de sus hijos. Como decíamos, Martina y Àlex Corretja han formado una familia preciosa, formada por ellos dos y sus cuatro hijos: Pablo, hijo mayor de Martina, que tuvo con el músico Álex de la Nuez; Aroa y Carla, hijas de Àlex de una relación anterior; y la benjamina de la familia, Érika, que pronto cumplirá diez años, hija de Martina y el extenista.
Pablo ya tiene 21 años, se está haciendo mayor, y el pasado enero, cuando celebró su cumpleaños, su orgullosa madre emocionó al personal con sus palabras: "Mi precioso Pablo, felices 21! Ha sido un privilegio conducirte hasta la frontera que, dicen, marca el principio de la vida adulta, a veces bajo el ala, otras, de la mano y, de un tiempo a esta parte, a distancia prudencial. Me quedo embobada admirando tus talentos. Ojalá los disfrutes todos y cada uno de ellos a lo largo de tu vida y te hagan muy feliz. Gracias, hijo, por darme el mejor regalo cuando naciste. Te adoro":
Y ahora, quien ha dejado a Martina sin palabras ha sido Pablo. Una intervención sincera, emotiva, inesperada, una oportunidad para sorprenderla: "Hola mamá, seguro que te pilla por sorpresa escucharme por aquí, y si te soy sincero, el primer sorprendido soy yo. Pero me ha parecido una ocasión especial para decirte algunas cosas que muchas veces no te digo, bueno, en realidad, que no te digo nunca, que son verdad y que creo que debería decirte más a menudo: que veo, agradezco, aprecio y soy consciente de todos los esfuerzos y todo lo que haces por mí, por la familia, por Érika, por que yo tire adelante con mi futuro, por escucharme, por comprenderme en ocasiones que igual no estamos de acuerdo"... Martina no puede contener las lágrimas.
"Para ti no tengo más sentimientos que no sean gratitud y por supuesto, amor, te quiero un montón y eres la mejor mamá del mundo. Me parece todo superacaramelado y me da una vergüenza enorme, y agradecería que cuando llegues a casa no me montes una escena por esto", momento que hace reír a su madre, deshecha de amor.
Qué palabras tan, pero tan bonitas y sentidas. Ole por Pablo. Ni superacaramelado ni nada. Todo lo que les podamos decir a nuestras madres se queda corto, porque se lo merecen todo. Martina se merece todo esto y más. Ella y su maravillosa familia. Martina y Pablo, orgullo de madre, orgullo de hijo.
