Es cierto que todo el mundo quiere vivir más. De hecho, hay personas interesadas en la inmortalidad. No existe miedo a la muerte, pero sí a dejar todo lo que tenemos en la tierra. Sin embargo, la muerte es algo de lo que ahora, tarde o temprano, nadie se va a librar. Todo el mundo tiene el pasaje comprado desde que nace, aunque no sabe cuando será ese momento. A veces por un accidente, como el vivido recientemente en Adamuz con el choque de trenes, o por una enfermedad, como el cáncer, o tal vez son de los más afortunados que llegan a superar la media de edad, los 85 años. Sea como sea todo el mundo va a morir, y eso es algo que quiere dejar claro Felipe Isidoro, que nadie viva con la ilusión de alargar la vida por cuidarse más.
Hace unos años que se ha instalado la idea de prolongar la vida con el ejercicio físico y una dieta saludable. Sin embargo, según Felipe Isidoro, eso es mentira, y lo dice él, que es catedrático en Educación Física. Durante su intervención en el pódcast de Uri Sabat, el profesor ha sido claro. “Tenemos un sesgo de confirmación con el tema de que el ejercicio permite vivir más, y eso es falso”, ha añadido. Con ello, él no quiere que la gente deje de practicar ejercicio y coma mal, al contrario, quiere que se ponga la mirada en lo que de verdad importa.
Isidro insiste en que el ejercicio no nos hace inmortales ni retrasa la muerte de forma automática. “Los que hacemos ejercicio vamos a acabar muriendo y no vamos a morir más tarde de lo que hubiéramos muerto sin hacer ejercicio”, ha explicado.
Es falso que las personas duren más tiempo
No se trata de vivir más años, sino de vivir mejor esos años. “Muchas personas mueren con 60 años, pero se las entierra con 80”, dice. El problema no es morir, sino como se llega a ese final de la historia.
Para afirmar todas estas teorías se basa en un estudio que se realizó con 22.000 gemelos idénticos, pero con hábitos de vida distintos. Se dieron cuenta que el que no realizaba ejercicio no duraba menos que el que no lo hacía.
“El ejercicio no alarga la vida, pero la ensancha”. Es decir, mejora la calidad de vida, reduce el riesgo de muerte prematura y evita llegar a edades avanzadas en malas condiciones físicas.
A partir de los 60 años empiezan a convertirse en personas dependientes y con bastantes problemas de salud.
