TV3 y Minoria absoluta lo han vuelto a hacer: han emitido la serie de ficción, Gènesi, de más éxito de los últimos veinte años en TV3. Que el último capítulo haya hecho un espectacular 23,6% y el penúltimo un 21,9% no lo ha conseguido ninguna otra de las series nocturnas de los últimos lustros. Aplauso general. Alguna crítica dispersa y muy buen producto de una TV pública, ameno, bien producido y fiel a la realidad. Los puntos fuertes han sido la implicación del auténtico Ferran Adrià para que todos los platos que se servían no eran de atrezzo, eran elaborados por el mismo equipo que los creó en su momento. Y por ser fieles a la realidad. Las localizaciones en Cala Montjoi han sido un regalo para el director que ha podido grabar imágenes memorables, bonitas, artísticas con una buena iluminación. Eran postales. La elección de los actores era imprescindible y han acertado de lleno con los dos principales, un Miquel Ferández en estado de gracia, único a quien se le ha exigido imitar el original y lo ha hecho cum laude y un Ivan Massagué que merece todos los premios que le puedan conceder. El último capítulo es un prodigio gracias al buen hacer de estos dos actores. Inmensos.


Solo hay un pero en el casting de la serie. Carlos Cuevas es una estrella de la TV pero su papel es menor. Luce poco. Por la historia inventada, la del restaurante Can Canabach que no existió nunca ni ninguno de sus protagonistas, tienen el acierto de elegir a Mònica López. Verla llorando entre las cepas en el invierno del Penedès fue como recuperar Nissaga de poder. Un placer para los nostálgicos de las grandes ficciones de TV3. Ponerle un padre con la presencia y la voz de Mario Gas es un acierto y de exnovio a Pere Arquillué un lujo. Arquillué acostumbra a ser muy exigente con los papeles que elige y lo convencieron con un buen presupuesto para aceptar un secundario. Lo defiende de manera impecable pero los espectadores no entienden que para hacer del señor que ayuda a Lola Canabach (Joana Vilpapuig) a reabrir el restaurante se contrate a uno de los actores más importantes del país y para interpretar un papel esencial, el del gran antagonista de Ferran Adrià y malo de la serie Santi Santamaria, se contrate a un actor como Alberto Díaz. TV3 le jugó sin querer una mala pasada a este actor y a los de casting de la serie. En la media parte cuando emiten anuncios, muchas empresas de alimentación quisieron salir, desde el Supermercado de El Corte Inglés a Casa Tarradellas. Y dio la fatal casualidad que el anuncio de pizzas de Casa Tarradellas lo protagoniza un figurante que es... Santi Santamaria en la serie, es decir el actor Alberto Díaz. Vídeo:


El casting no se obsesionó en encontrar actores idénticos a los personajes reales sino que tuvieran un aire: el rubio Albert Adrià, el rechoncho Ferran Adrià, el gordo Santi Santamaria, el espigado Juli Soler... No era fácil pero resulta raro que eligieran tres primeras espadas del gremio como Cuevas, Fernández y Massagué y para el gran antagonista ficharan al figurante del spot de pizzas precocinadas. Las pausas publicitarias las carga el diablo. Una gran serie y la guinda, un 23,6% para el final. También sorprendió que las dos escenas finales fueran flashbacks de dos escenas que ya se habían emitido en la serie en los primeros capítulos. Merecía otro final, pero ningún programa ni serie hará tanta audiencia. Una buena serie, por fin.