Antonio Banderas es uno de los actores más reconocidos del mundo, con una importante trayectoria en Hollywood, pero también en España, donde ha decidido quedarse con su nueva faceta de director y productor teatral. Quiso probar suerte al otro lado del charco y la tuvo, pero también vivió episodios oscuros. Añoraba su tierra, su querida Málaga, y la vida en España. En 2017 sufrió un ictus y fue lo que hizo replantearse su vida. Continúa haciendo cine aunque ahora está volcado en el teatro. "Hollywood es muy difícil y terminas arruinándote moralmente”, reconoce.
De hecho, mientras trabajaba en Hollywood pensó en retirarse tras su ataque al corazón, pero finalmente optó por cambiar de vida. “El mundo en el que yo estaba metido era increíblemente competitivo, y sigue siéndolo. Hollywood es muy difícil y terminas arruinándote moralmente. Hay un momento en el que dices que no me están ofreciendo nada bueno. Y entonces me acuerdo de pensar "Pues me voy a vengar haciendo mucho dinero". Si de esto va, a por ello. A saco. Me importaba una mierda todo, pero pagué ese precio”, comentó.

El ictus que sufrió en 2017 le hizo cambiar de idea
De ahí llegó su ataque al corazón. "Eso sucedió a la altura de mi divorcio. Se juntaron muchas cosas. Yo me refugié prácticamente en esa idea. Me refugié en el trabajo. Me hice siete películas seguidas. Sin descanso, sin irme a casa. Iba de hotel en hotel y de avión en avión. Sin parar. Películas rusas que ni he visto, cosas rarísimas. Cuando haces eso, cuando te metes en esa cueva, al final te llevas un bofetón. Y a mí me lo dio muy bien dado la vida, porque me podía haber matado”.
Él mismo reflexiona al respecto señalando que "hay gente que caen fulminados y se han muerto. Yo tuve suerte para poder reaccionar. Fue una bendición, como una alerta que me dijeron "¿Pero qué haces, gilipollas?". Un tortazo que me hizo reflexionar, ver la verdad y comprarme un teatro, del que disfruto mucho”.
En cine continúa añadiendo nuevas películas a su larga trayectoria, como Paddigton 3 o babygirl. Por otro lado, continúa volcado en el teatro, con la adaptación de Godspell, un musical de Stephen Schartz.
