Estos últimos días, Abel Queralt, como el resto de excelentes meteorólogos de este país, tienen mucho trabajo. Entre los aguaceros que caen día sí, día también, las alertas por situación climatológica, el tiempo que está loco y los avisos a la población, los hombres y mujeres del tiempo catalanes que vemos y oímos regularmente en los medios no paran de aparecer en diferentes programas de tele y radio para decir cómo va la cosa. En su caso, su presencia en RAC1 (emisora en la que lleva un montón de años) está a la orden del día, y, evidentemente, estuvo presente el pasado sábado por la noche con la que cayó por la zona de Tarragona, Barcelona y el litoral. Un Abel que vive con pasión su vida, y que además de informar muy bien sobre las lluvias o las altas temperaturas, todo el mundo que lo conoce sabe que es alguien a quien le va la coña, un tipo socarrón, bromista y que no tiene vergüenza, como ha demostrado tanto en RAC1 como en sus redes sociales.
Un Abel que cuando no está mirando hacia el cielo, o consultando datos y más datos, disfruta, como todos, de los días de fiesta. Y ahora ha recordado en el programa La primera pedra qué pasó durante unas vacaciones en las que él y su novia de entonces, Carla, estaban en Estados Unidos. Una road-trip por Norteamérica de la que conserva especialmente un recuerdo de una situación peculiar vivida en un pequeño pueblo "perdido de la mano de Dios".
Situémonos: Montello, Nevada. Un pequeño pueblo en el condado de Elko, de solo 66 habitantes. "Unas horas antes habíamos visto un cartel en la carretera que decía 'Next services 89 miles', es decir 143 km. Y lo que te encuentras es un surtidor de gasolina vintage al lado del 'Cowboy Bar'", dice él. "No te pienses que te vas a encontrar allí una gran gasolinera o un área de servicio. No. Te encuentras un surtidor de estos como de película, un poco antiguo", al lado de un local con un nombre tan peculiar como este, que ya te puedes imaginar cuál era su clientela. "Un poco 'Abierto hasta el amanecer'", dice en referencia al 'Titty Twister', 'La teta enroscada', el icónico bar de la película de vampiros de Robert Rodríguez, con George Clooney y Quentin Tarantino, donde Salma Hayek hace su número con la serpiente:
Imagínense un bar así, pero sin Salma Hayek, ni serpientes, ni vampiros, ni George Clooney, ni Quentin Tarantino, pero sí con parroquianos parecidos a los que se ven. Después de poner un poco de gasolina en el pequeño surtidor, "entramos en el Cowboy Bar porque... había que entrar. Era un bar que como estás en Nevada y allí el juego está permitido, allí te encuentras gente pum, pum, pum, metiendo moneditas en las tragaperras". ¿Qué hora era? Hacia el mediodía. "Entramos Carla y yo y de repente, se gira todo el bar, nos miran de arriba abajo y uno nos dice: 'What are you doing here? Are you lost?'", es decir, '¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Os habéis perdido?'. Un lugar donde no suelen recibir gente de fuera. ¿Tuvo miedo?, le preguntan. "No. Porque ya nos gusta salir de las masificaciones":
No ha sido la única situación peculiar que ha vivido el bueno de Abel, acostumbrado a hacer carretera y manta e ir a dar vueltas sin un destino fijo y por rutas alternativas.
