Pep Cruz es, además de uno de los mejores actores que tenemos en el país, un tipo que cuando habla, vale la pena escucharlo. Un intérprete extraordinario que lleva muchos años demostrando que además de tener un talento descomunal encima de los escenarios o delante de una cámara, la toca. Y la toca mucho. A base de conocimientos, experiencia, inteligencia y sentido común, el de Girona es de los que no se calla cuando siente que tiene que alzar la voz, y cuando habla, dice cosas muy razonadas y a menudo, duras, que remueven conciencias, por mucho que duela oírle decir algunas verdades como puños.

Ahora, Pep regala a los espectadores catalanes otro de sus papeles brutales a los que nos tiene acostumbrados. Hace pocos días que se ha estrenado No miris, una obra imprescindible en el Teatre La Biblioteca, una ficción basada en hechos reales a partir de la historia de Verónica Estay Stange, hija de represaliados por la dictadura chilena y a la vez sobrina de un importante represor, llamado El Fanta. Como dicen, a veces la ficción es el único camino para hacer aparecer la realidad. Compromiso político, la traición, la culpa y el silencio. ¿Cómo se reconoce un monstruo? ¿Podemos ser nosotros mismos? Bajo dirección de Joan Arqué, encima del escenario Pep Cruz, Marta Marco, Erol Ileri y Gemma Martínez se verán atrapados en un thriller sobre las zonas grises de la condición humana.

Una obra sobre las torturas durante la dictadura de Pinochet pensada por el colectivo Cultura i Conflicte, que se puede ver en la sede de La Perla 29 hasta el 18 de octubre. Ha hablado de ello el gran Cruz en conversación con VilaWeb, pero como siempre que él habla, vale mucho la pena escuchar qué dice más allá de su trabajo. Escucharlo, por ejemplo, hablando de su gente, de su país, de en qué punto nos encontramos y hacia dónde vamos. Y según se desprende de sus palabras, vamos camino del pedregal, porque lo que ve, no le gusta. Cruz habla claro y catalán, como siempre hace, sin rodeos. Y a quien no le guste, que no lo escuche. Pero Pep se muestra triste por lo que ve a su alrededor. Dice: "Tenemos un país que da vergüenza, es un país sucio. No está bien barrido, este país. Pero los que tienen que hacer el trabajo no barren".

Hay más sobre esta comparativa: "En lugar de coger la escoba cogen el arma ideológica y empiezan a disparar con los dedos. ¡Pam! ¡Pam! ¡Pam! Como los de Vox. ¿Adónde vamos a ir a parar? Pues hala, ya sabemos adónde vamos a ir a parar". Y se muestra pesimista: "Me sabe mal por mis hijos y mis nietos, pero esto va a ir a parar a una dureza y una pérdida de niveles de democracia total". Y lamenta que "esto va a ir a parar a la sanidad privada, va a ir a parar a la escuela privada. Lo privado pasará por encima de lo público. La cosa pública nunca se ha cuidado bien, siempre se ha pensado que por el dinero que pagamos, nos dan pocos servicios y es verdad: demasiados asesores, demasiadas fiestas, demasiado dinero tirado. Y, en realidad, ¡no funcionan los trenes, no funciona lo más vital!".
Una vez más, una reflexión de Pep Cruz que hay que escuchar.