La muerte de Irene de Grecia afectada de Alzheimer desde hace un par de años ha sido la última vez que ha recibido la reina Sofía. Solo ha tenido disgustos familiares desde que aceptó los designios de su madre para casarse con Juan Carlos de Borbón. Su marido le fue infiel desde el principio de la relación, y como explica Pilar Eyre, cuando consiguió que su tercer hijo fuera un niño perdió todo el interés por la reina Sofía. Desde entonces la princesa griega se centró en sus tres hijos, Elena, Cristina y Felipe y a ejercer un papel poco lucido como reina consorte. No da discursos porque no habla castellano. Va donde la invitan para poner su cara, siempre causas nobles, la música, los animales, el banco de alimentos... Pero la familia solo le ha causado disgustos: tres matrimonios fracasados de sus hijos y no convive nada con sus ocho nietos. Ahora, la muerte de su hermana pequeña, tía Pecu, la ha sumido en un estado de tristeza. La revista Semana se atreve a ponerle nombre, no en portada, que titula con "La tristeza de la reina Sofía" sino en páginas interiores: depresión.

Semana
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Escribe la revista madrileña: "La Reina Sofía está viviendo, según cuentan a Semana, una depresión silenciosa. Está triste, ensimismada. Lo aseguran aquellos que están cerca de ella, los mismos que han sido testigos del antes y después que ha supuesto para la emérita la muerte de su hermana Irene de Grecia. Aunque ha vuelto al trabajo, lo cierto es que lo hace tras 53 días de parón en su agenda, algo inusual en ella. No es de extrañar teniendo en cuenta que, en poco tiempo, ha perdido a dos de sus grandes pilares: su hermana, además de su gran amiga Tatiana Radziwill.  En el momento actual la Reina Sofía hace frente a "agotamiento emocional" y un "sentimiento de vacío", por lo que los suyos han decidido hacer piña con ella. Conscientes de que está pasando por un momento muy complicado y de que dos de sus personas de absoluta confianza ya no están, le apoyan, pasan tiempo con ella y se acercan a verla a Zarzuela. Una actitud tomada especialmente por sus hijos y por parte de sus nietos, a quienes se pudo ver muy unida en el funeral de la princesa Irene de Grecia". Agotamiento emocional, sentimiento de vacío, soledad y la palabra médica: depresión con un adjetivo "silenciosa" que no se sabe si quiere decir no diagnosticada. Es una palabra que conviene no usar de manera metafórica. Si la revista la escribe literalmente, es una enfermedad. Y se tiene que tratar, no silenciarla, esconderla o querer disimularla.

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La reina Sofía al funeral de su hermana, GTRES

A 87 años es natural haber vivido de todo pero no es tan natural que como hija mayor haya tenido que enterrar a sus hermanos pequeños. Primero murió Constantino, el que estaba llamado a ser rey de Grecia, y ahora la pequeña Irene, soltera, arruinada, enferma pero el gran apoyo de Sofía. Su misión era cuidarla, lo único que mantenía en alerta a la casi nonagenaria Sofía. Ahora que ya no tiene ninguna obligación, le ha surgido todo este cúmulo de sensaciones que Semana llama depresión silenciosa. Rodeada de mayordomos, escoltas y aduladores, Sofía vive sola. Lo que es realmente silencioso es Zarzuela, que se niega a explicar el estado de salud de los miembros oficiales de la Familia Real, los que cobran de los presupuestos generales del Estado de manera vitalicia: Felipe, Letizia y Sofía.

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Sofía llora en el funeral con la joven y la nieta, GTRES

 La emérita es una persona estimada por muchos sectores de la sociedad que la ven una mujer abnegada y querrían saber si padece alguna enfermedad. Otra parte de la opinión pública, la más joven y menos monárquica, considera que ha hecho un mal servicio a la imagen de las mujeres. Sofía es una royal desde la cuna y del siglo pasado. Dos condiciones que definen sus valores. 

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