Las últimas horas no están siendo fáciles en Zarzuela, a nivel personal. Por un lado, tenemos a Letizia muy triste y devastada por la muerte del padre de una de sus amigas íntimas, desde la época en la que empezó a hacer periodismo. La muerte de Fernando Ónega, padre de Sonsoles, ha hecho que Letícia haya roto el protocolo en la capilla ardiente en memoria del difunto, con unas sentidas palabras ante el féretro del comunicador: "Es el padre de mi amiga".

Letizia en la capilla ardiente por Fernando Ónega
Letizia en la capilla ardiente por Fernando Ónega

Su marido, Felipe, está preocupado por otras cuestiones paternofiliales. Su padre, que nunca ha dejado de provocarle quebraderos de cabeza, cuando vivía en palacio y ahora que hace unos cuantos años que le dieron la patada hacia los Emiratos Árabes, o mejor dicho, su presencia o ausencia, es como una mosca cojonera, como una piedra en el zapato del rey Borbón que no tiene manera de librarse de ella. El emérito continúa a kilómetros de distancia de la familia real, una familia que no le ha ido a visitar a su retiro dorado ni en pintura. El monarca ha vuelto a estar en boca de todos estos últimos días, a raíz de la desclasificación de los documentos del 23-F.

El rey Juan Carlos I, durante el discurso del 23F
El rey Juan Carlos I, durante el discurso del 23F

Algunas figuras políticas afines a la monarquía en general y a Juan Carlos en particular, caso de Alberto Núñez-Feijóo, han solicitado públicamente el regreso del emérito a su país, coincidiendo con los mencionados documentos que acaban de ver la luz. Pero su hijo Felipe no está por la labor. A pesar de las continuadas negativas, Juan Carlos no desfallece y se empeña en su objetivo particular de volver a vivir en Zarzuela, el lugar que considera su hogar legítimo. Pero su hijo se mantiene firme e inamovible, tal como consideran en Monarquía Confidencial: "Don Felipe considera que la estabilidad y la imagen de transparencia de la Corona son incompatibles con la presencia permanente de su padre en la residencia oficial mientras no normalice su situación en el país, fijando en España la residencia fiscal".

Felipe VI y Juan Carlos I / Europa Press
Felipe VI y Juan Carlos I / Europa Press

Pero una cosa es que Felipe no quiera que su padre manche su reinado con su presencia y la otra, los durísimos términos con los que se ha expresado, según su entorno cercano a Zarzuela, a raíz de esta enésima petición de volver a casa por parte del emérito. Según ha podido saber el mencionado medio, de fuentes cercanas a Casa Real, el monarca ha dejado clarísima su postura con una frase lapidaria: La Institución, la transparencia y su familia están por encima de que Juan Carlos pernocte en Zarzuela... Una expresión, una utilización de una palabra como pernoctar, que parece que hable de uno que pasaba por allí, un don nadie, y no de su padre y anterior rey.