Felipe y Letizia son un matrimonio en permanente crisis de identidad. Es el único caso de una pareja que es una institución pública. Los cónyuges de los cargos públicos, por ejemplo de los presidentes, no ejercen un cargo público excepto un caso: Letizia. Ella es la reina y ocupa un cargo institucional y representativo. Y cobra un salario alto con dinero público. La única diferencia con una alta funcionaria del Estado es que lo cobra de manera vitalicia, excepto si se divorcia. Pero el caso Jaime del Burgo, el amante de la reina que reveló encuentros sexuales con Letizia en el mismo recinto de la Zarzuela cuando Felipe y las hijas estaban fuera, demuestra que el matrimonio real se ha convertido en una sociedad. La Corona es un negocio para los Borbones, su modus vivendi, y no quieren renunciar a él. Ni Letizia, que no es Borbón pero goza del mismo estatus. Así que el matrimonio ha superado todas las crisis para seguir casados. Nada más. La experta Pilar Eyre ha definido la relación: "Viven vidas privadas autónomas". Separados sentimentalmente, unidos para los actos oficiales.


Pero en algún acto oficial aparece una chispa, una muestra de naturalidad entre el matrimonio. Ha sucedido este martes en el acto de entrega de los Premios Nacionales del Deporte. Los futbolistas Aitana Bonmatí y Rodrigo Hernández y los atletas María Pérez y Álvaro Martín han sido considerados los mejores deportistas de 2023 y 2024 en una ceremonia celebrada en el palacio de El Pardo. Todo transcurría con la normalidad, el protocolo y el aburrimiento típico de actos como este, solo destacable por la brillantez de la catalana Aitana Bonmatí, cuando ha sucedido un hecho que muestra que todavía queda algo en este matrimonio real. Letizia se sienta al lado del rey y tiene que levantarse para entregar un premio y cuando se pone de pie Felipe le toca el culo de manera instintiva, haciendo el gesto de indicarle el camino al estrado. Un toque en el culo que se hace de manera casi inconsciente. Lo mejor es la cara de Letizia que podría haberlo pasado por alto, pero se revuelve y le hace un gesto ostensible a su marido como diciendo "Eeeh, quita esa mano, que las manos van al pan". Resulta cómico:



Hay que felicitar al fotógrafo de la agencia Gtres por captar el momento, los reyes se miran a los ojos y Felipe no se acaba de creer aquel instante de naturalidad matrimonial, donde parece que se olvidan por un momento que son el rey y la reina y pasan a ser Pepa y Avelino, el matrimonio que hace muchos años que se casaron de las noches de Noche de fiesta de José Luis Moreno. Después todo ha vuelto a ser como siempre, cada uno hace vida por su cuenta, viajes, amantes o citas. Así lo explicó Eyre en una entrevista a EN Blau: "Es un pacto como todos los matrimonios. Es una entente para el bien de la Corona y del propio matrimonio. Como periodista y como ciudadana no tendría que importarme esto. O sea, yo prefiero tener unos reyes que tengan sus vidas privadas cada uno por separado, pero que lleven el peso de la institución con nobleza y con dignidad. No quiero a unos reyes que se quieran muchísimo, que estén enamoradizos, que estén todo el día de la mano y que luego sean un desastre como reyes. O sea que a mí lo que me importa es su función. Todavía me parece más mérito que hayan decidido llevar a cabo esta entente, esto de decir bueno, vamos a tirar adelante. Un divorcio o una separación sería algo tremendo, imposible de asimilar. Ellos han tenido que luchar a brazo partido para levantar esta corona que estaba tirada por los suelos. No pueden distraer a la opinión pública diciendo pues nos vamos a separar. Y yo pienso que ellos con naturalidad han asumido que cada uno tiene su papel, cada uno hace su vida, que yo no sé cuál es. De vez en cuando me dicen que la reina Letizia está con otro o que el rey Felipe conoce a tal... Mira yo de esto no tengo ni idea, pero representan muy bien la institución y a mí es lo que me importa". Ni la más poco monárquica de las periodistas que siguen la monarquía niega que es un esfuerzo del matrimonio no caer en la tentación de estripar las cartas y divorciarse. Se les paga porque se aguanten.