Hay gente que asocia el agua con gas al hecho de estar enfermo, posiblemente porque de pequeños, en casa, solo se veían botellas muy de vez en cuando cuando alguien de la familia tenía dolor de barriga. Otros, en cambio, lo asocian a un momento puntual, normalmente después de una buena comida, cuando se tiene sed y apetece beber algun digestivo sin alcohol. Para acabar hay un tercer grupo, que podríamos tildar de facción dura, que es la gente que no es que beba agua con gas casi siempre que puede, sino que, en el hipotético caso de que estuviera prohibida, tomaría las calles y provocaría disturbios con el fin de defender el placer de beber agua con burbujas. Y después, evidentemente, hay un cuarto grupo que no entra dentro de ninguno de los tres anteriores: la gente que no soporta el agua con gas y a quien, por lo tanto, suponiendo que dejarán de leer el artículo en esta precisa frase, les envío un cordial saludo y les deseo unas felices vacaciones.

agua con gas godo

Un simple y sencillo vaso de agua con gas, imagen que puede elevarse a la categoría de pornográfica para los consumidores reincidentes de agua con gas y de quien hablaremos en este artículo.

Agua con propiedades medicinales

Cualquier consumidor que forme parte de uno de los tres primeros grupos antes mencionados –el consumidor enfermo, el consumidor ocasional o el consumidor reincidente- bebe agua con gas por herencia costumbrista, ya que beber agua con gas acostumbra a ser consecuencia de una costumbre adquirida durante la infancia. El agua con gas nació como una agua carbonatada con propiedades minerales muy beneficiosas para la salud, pero aunque de eso ya haga un porrón de años y existan miles de productos farmacológicos capaces de cuidar cualquier indisposición, desde siempre en el mundo han existido familias que guardan una botella de agua con gas en la despensa por si las moscas, casi con el mismo afán de quien guarda una linterna para cuando se marcha la luz o un extintor por si hay que apagar un incendio casero.

Apparatus for making of soda water

Prospecto químico inglés de finales del siglo XIX en el que se explica el método de elaboración del agua carbonatada en todas sus formas. (Wikipedia)

A causa de eso, es extenso el número de personas que ya desde pequeños comprendemos el agua con gas como una bebida diferente y, en consecuencia, mágica. Todos los objetos de emergencia, desde el martillo rompecristales de los vagones del tren hasta el código PUK del móvil, son mágicos porque tienen una calidad increíblemente poética: deseamos no tener que utilizarlos nunca, pero sin embargo tenerlos cerca y controlados nos alivia. Partiendo de esta premisa, que uno de estos objetos se pueda beber y que, además, sea relativamente barato, provoca que poco a poco aquella bebida especial y entendida como un producto de racionamiento trascienda los momentos puramente curativos para aterrizar en el resto de momentos de nuestra vida, transformando en especial no aquello que bebemos, sino aquello que vivimos.

¿Es el agua con gas una medicina? El ácido carbónico que contiene estimula la secreción de los jugos gástricos y facilita las digestiones, sí. ¿Es un refresco? El gas genera sensación de saciedad, el carbono le otorga un punto ácido y, además, no contiene azúcar, por lo tanto es mucho más sana que un refresco. ¿Es una droga? Comprendiendo el término droga como sustancia que administramos al cuerpo capaz de provocar adicción y alteraciones a nuestro sistema nervioso, no, el agua con gas no es una droga, siempre y cuando no se considere la reincidencia como una adicción y el placer como una alteración del sistema nervioso, claro está.

Vichy Catalan publicitado

Cartel publicitario de Vichy Catalán a principios del siglo XX, en el que ya se hacía evidente que con el agua con gas más popular Catalunya hay para quitarse el sombrero. (Pinterest)

Sin espacio para la equidistancia

Lo que está claro es que el mundo se divide entre la gente que bebe agua con gas –poco o muy a menudo- y la gente que la detesta. No hay término medio. Dentro del primer grupo, tanto los consumidores enfermos como los consumidores ocasionales beben agua con gas de forma reactiva, es decir, a consecuencia de alguna cosa anterior, por eso es posible que tampoco hayan llegado hasta este párrafo y ya nos hayan abandonado. No te preocupes si has llegado hasta aquí, ya que significa que eres un consumidor proactivo de agua con gas, o sea, alguien que sabe que poder comprar agua con gas de forma absolutamente legal y a cualquier hora del día es uno de los grandes motivos por los que agradecer a quien sea el mero hecho de haber nacido.

¿Eres de las personas que se piden un agua con gas cuando se sientan en una terraza a tomar alguna cosa? Ahora que no nos oye nadie, déjame escapar de la distancia que impone la objetividad y decirte que te comprendo. ¿Aguantaste la incomprensión de tus amigos cuando no entendían por qué preferías agua con gas que cerveza? Te comprendo. ¿Soportaste la incomprensión de tu pareja cuando preferías agua con gas que un gin-tonic? Te comprendo. Y sobre todo, te comprendo porque yo también sé lo que significa viajar por primera vez y hacer frente a la incomprensión de observar una cosa increíble: en el resto de países de Europa, como si fuera un paraíso terrenal, en los bares preguntan si quieres un vasito de agua o de agua con gas cuando tomas un café, mientras que en Catalunya casi ni te miran a la cara cuando pides un cortado.

agua con gas limón

Existen dos familias dentro de la facción dura de consumidores de agua con gas: los que la beben con limón para otorgarle un tono cítrico y los que la beben sin nada, que a menudo tildan de impuros a los del primer grupo. (Pixabay)

Te comprendo, porque la gente que bebe agua con gas sin ningún motivo más que el disfrute de beberla es la gente con quien compartes algo en común, íntimo, sensible e inefable. Reconozcámoslo: alguien que bebe agua con gas no es un simple consumidor, sino un partidario de algo, de una idea del reposo y su consecuente hidratación. Por eso, yo que te comprendo, "hipócrita lector, hermano mío", te animo a afirmar sin tapujos y sin miedo aquello que tan bien tú y yo sabemos: que no estamos solos, ya que en el mundo hay muchas casas, pero allí donde hay agua con gas en la nevera es nuestro hogar.

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