Àtic dels Llibres publica en catalán F de falcó, después del éxito que tuvo el septiembre pasado la versión castellana: H de Halcón, editada por la misma editorial. Se trata de un libro de no ficción, en el que Helen Macdonald explica el proceso de adiestramiento de un azor, un tipo de halcón que tiene fama de ser especialmente rebelde. Esta obra recibió desmesurados elogios de la crítica británica, y su edición castellana también fue muy bien acogida.

La mujer y el azor

Durante un año Helen Macdonald se separó de los amigos, de la familia, del trabajo, de todo, para dedicarse a entrenar a la Mabel, un azor. Ella reconoce ahora que se trataba de una forma de huir de la situación que vivió cuando su padre murió. Había perdido el interés por todo y se concentró en la relación con el ave, porque siempre había amado a estos animales. Pero al analizarse retrospectivamente, Macdonald apunta que no se trataba sólo de transferir su afecto de un familiar a un animal, sino que también constituía una forma de acercarse a la parte más salvaje y más rebelde del halcón, y también de ella misma. En definitiva, una forma de enfrentarse a la civilización. Porque el halcón mata, y lo hace sin escrúpulos, sin preguntas, por instinto. Para entrenar un halcón, según Macdonald, lo que hace falta es pensar como un halcón. Y a medida que entrenaba el halcón y se identificaba con él, Helen iba reduciendo su humanidad a la mínima expresión.

La pérdida y el luto

F de falcó es también la historia de cómo superar una pérdida. Hellen entrena a Mabel para cazar, pero también hace aquello que los otros halconeros no hacen: jugar con el ave. Y lo hace porque vive en medio de una gran soledad. La autora y protagonista no sabe cómo superar el duelo, y en la obra se va viendo como pasa por varias fases: la incredulidad, la rebelión, la depresión, la superación... Porque si una cosa es obvia, es que este libro rezuma sinceridad. La autora no duda en explicar hasta el más nimio de sus sentimientos.

“Nosotros”

Sorprende, en F de Falcó, leer los pensamientos de Macdonald: con frecuencia usa la primera persona del plural al referirse a ella y al halcón. Mabel y ella son “nosotros”. Y es obvio que en ciertos momentos ella cree compartir el mundo del ave. En realidad, incluso ve la tele al lado del azor y está convencida de que ven la tele juntos, como si el halcón compartiera sus pensamientos. Durante el atípico adiestramiento de Mabel, Macdonald pasa por fases. En ciertos momentos trata al azor como una persona, y juega con él a lanzarle bolitas de papel. Pero en otros momentos ella intenta introducirse en el mundo del halcón y sentir la violencia de su vida como propia. “llevé el azor a mi mundo y después pretendí vivir en el suyo”, comenta en un pasaje del libro.

Entre 'Moby Dick' y 'El viejo y el mar'

La propia autora reconoce que F de falcó tiene una indudable conexión con Moby Dick, de Herman Melville, y con El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, aunque la suya es una obra de no ficción. Las tres obras se centran en la lucha épica entre el hombre y la voluntad de un animal. La novela de Melville presenta al capitán Ahab, que lucha por someter y matar una gran ballena blanca, pero en el fondo es también la historia de una obsesión. Ahab lucha básicamente contra sus fantasmas, y arrastra a sus marineros a esta loca lucha. El viejo pescador de Hemingway, también trata de reafirmarse en su vejez capturando a un gigantesco pez espada durante tres días seguidos de pesca. En F de falcó, la principal lucha no es entre Helen y Mabel, básicamente porque al fin resulta que Mabel es muy poco salvaje, acaba siendo “dócil como un gatito”. La lucha de verdad es la de Helen contra ella misma.

La obsesión

Macdonald, durante el año que convivió con el halcón, atravesó una depresión. Lo olvidó todo y se concentró en el halcón, pero acabó perdiendo el trabajo y quedándose sin casa. Tuvo que someterse a un tratamiento médico y tomar drogas. Pero en realidad la droga más fuerte era el mismo halcón. Ella tardó mucho en darse cuenta de que la relación que había establecido con el ave no era normal. Finalmente, un día lo vio claro: “Amo a Mabel, pero lo que hay entre nosotros no es humano”, y acabó reconociendo que ella tenía que hablar con personas, trabajar con personas y relacionarse con personas. Es la lección final que le dio Mabel.

Si quieres tener halcones, tienes que tener paciencia

Mucha paciencia

“Si quieres ver halcones, tienes que tener paciencia”, le explicó su padre a Helen el primer día que fueron a ver halcones. Para adiestrar un halcón tienes que pasar centenares de horas inmóvil, atento al mínimo temblor de sus plumas, al más insignificante giro de su cabeza... Y eso supone un buen porcentaje de F de falcó. No hay ninguna duda de la habilidad narrativa de Macdonald. Si no fuera una gran escritora, con esta trama, quizás nadie pasaría de la página cinco. Pero ella ha escrito un libro de más de 350 página que ha recibido los elogios más fervientes, especialmente de la prensa inglesa. Pero es obvio que el ritmo no es el punto fuerte de la obra. Muchos de los párrafos están consagrados a instantes de conexión, o de desconexión, entre Mabel y la autora.

Más halcones en el catálogo

En F de falcó hay múltiples referencias a otro libro, El azor, de T.H.White. White era un profesor universitario que se sentía muy torturado, porque se sentía a disgusto con su sexualidad y con su trabajo. Y, para escapar del ahogo de su vida, huyó de la vida académica, se fue a vivir al bosque y se dedicó a entrenar un azor. La relación de White con su azor fue muy diferente a la de Macdonald, mucho más melodramática. Pero Macdonald está fascinada con White, por su forma de intentar escapar a las relaciones humanas mediante su relación con los pájaros. Y Àtic dels Llibres, después del éxito del libro de Macdonald, se ha puesto a traducir el libro de White. En noviembre ya estará en las librerías.

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Libros Dovlàtov: la lucidez que duele Gustau Nerín