En el restaurante 'Jok' de Barcelona, el local de Joan M. Pou y otros socios, además de comer muy bien, también es un espacio excepcional donde pasar un buen rato y reír a carcajadas con las propuestas de ocio y culturales que allí se hacen de manera regular. Por ejemplo, con el pódcasts del mismo Pou con Albert Om, el Què t'ha passat?, donde los dos amigos charlan sobre cualquier cosa que les haya pasado recientemente o exponen su punto de vista sobre dudas existenciales, a menudo, triviales. Un divertimento sensacional, pero no el único que tiene lugar allí. Porque también podéis encontrar otro podcast, Sí, senyora, conducido en este caso por dos mujeres, Núria Soler y Viriginie Ribés, un "podcast de humor donde se rompen tópicos sobre las mujeres a los 40".

Por este espacio han pasado recientemente Elisenda Pineda, Magí Garcia, Tomàs Fuentes, Oye Sherman, Alba Segarra o Dafnis Balduz a decir la suya, siempre con el buen humor por bandera, siempre de manera desenfadada y atrevida, diciendo lo que piensan, sin paños calientes, y haciendo partir de risa al público que está in situ en el restaurante o los que lo miran vía redes. Y ahora, ¿quién ha visitado el Sí, senyora? Un señor que a menudo remueve conciencias y dice lo que le sale del moño, un tipo maravilloso que los que le conocemos bien podemos constatarlo, uno de los presentadores con el cerebro y la lengua más afilados, que siempre que abre la boca, nos hace mear de risa, y que ahora ha confesado qué pasó un día que, precisamente, abrió la boca, pero no para hablar... el gran Marc Giró.

El presentador del Cara al show de La Sexta o del Vostè primer en RAC1 se caracteriza, entre otras virtudes, por ser bien claro cuando habla, por no ahorrar todo lujo de detalles en sus explicaciones, por picantes que sean y por llamar a las cosas por su nombre. Por ejemplo, hablando de sexo y recordando una experiencia pasada, tiempo atrás, cuando conoció a un hombre en Sitges. Solo verlo, tuvo clara una certeza, "vi claramente que le tenía que hacer una felación". Y dicho y hecho. Se puso a ello, "y cuando le bajé los pantalones y los calzoncillos, todo perfecto"... ¡oh! ¡Sorpresa!, ¿con qué se encontró? "Me apareció un pene como esta columna, oiga... Es la cosa más increíble... Ahora se me aparece la Virgen y le digo que no. Lo tengo todavía aquel pene en la cabeza".

Marc es consciente de que "no se debe mitificar, porque a mí también me gustan los penes pequeños, medianos, grandes, de todas maneras, no he tenido manías con eso, pero esa polla la tengo en la cabeza, era preciosa". Incluso recuerda qué le dijo al hombre, que era norteamericano, estando "de rodillas", y eso que "a mí no me gusta hablar mucho con los hombres", pero esta vez sí habló, para decirle un explícito y agradecido "Thank you very much", "muchas gracias".
Marc, maravilloso. Y tiene toda la razón, hay recuerdos imborrables, que por un motivo u otro, siempre vuelven a tu cabeza: un olor, un paisaje, una frase... o lo que tenía aquel norteamericano entre las piernas.