Hace unos días, la práctica totalidad de los Borbones se reunió por un triste motivo: la muerte de Irene, la hermana pequeña de la reina Sofía. El funeral, en Madrid, y el entierro, celebrado en Grecia, congregaron alrededor del féretro, a su hermana, a los reyes Felipe y Letizia, a la princesa Leonor, a la infanta Sofía, a las infantas Elena y Cristina y a los hijos de estas: Juan, Pablo, Miguel, Irene y Victoria Federica. No estaba Felipe Juan Froilán, que prefirió quedarse en los Emiratos Árabes junto a su abuelo Juan Carlos, el otro gran ausente en la cita.

Las dos ovejas negras de la familia viven lejos del resto. Hace tiempo, ya, que Felipe le dio la patada a su padre y que se marchara bien lejos, a Abu Dabi, a kilómetros de distancia de Zarzuela, para que no molestara ni estuviera demasiado cerca de la heredera ni de la familia real. Un Juan Carlos que insiste en defender que él es un santo varón, que no ha hecho nada malo y sin entender por qué no puede volver a España y que los ciudadanos que hace unos años le reían las gracias, no sigan haciéndolo. Pero el monarca actual no quiere ni oír hablar de ello. Y el emérito, que en su retiro dorado, va pasando los años, va celebrando cumpleaños y cada vez está más cerca de verle las orejas al lobo, cada vez su final se aproxima más y más, y su cuerpo va dándole muestras del paso de los años, de dolores y de dificultades, especialmente, a la hora de caminar y desplazarse.

Un emérito que en la distancia, se aburre como una ostra, se siente solo. De ahí que cuando algún amigo lo visita, no duda en quedar con él. Pero justamente ha sido una imagen al lado de una de sus amistades, lo que ha encendido las alarmas. Una imagen, a priori, tranquila... Demasiado. Desde que vive en el Golfo Pérsico recibe algunas visitas, procedentes de España, pero también de otros países, como un encuentro con el jeque de Kuwait. Juan Carlos quedó con Khaled Bader Al-Sabah, presidente también de la Federación Asiática de Deportes Acuáticos, que ha publicado una imagen delante de una mesa con unas galletitas, unos cacahuetes y unos vasos de agua. El jeque, vestido informal, con zapatillas deportivas, jersey, bufanda y gorra, y muy sonriente. Y al lado, el emérito. Como dicen en Monarquía Confidencial, "la imagen no parece mostrar a don Juan Carlos en un buen momento de forma. Tiene los párpados casi cerrados, y si acaso se puede interpretar que esboza una sonrisa. Viste una camiseta gris y lo que parece una chaqueta deportiva, un cortavientos, de color azul". Esta imagen:
Preocupación con la imagen del Borbón, "la publicación de Khaled Bader Al-Sabah con Juan Carlos I puede confirmar ese estado delicado de salud del rey emérito. Más allá de que la foto le captara justo con los ojos entrecerrados, o que tuviera un día de peor ánimo, la imagen muestra a Juan Carlos I con una apariencia más desmejorada que en fotografías recientes". Habrá que estar atentos.