La diosa romana de la justicia se llamaba precisamente así: iustitia. Su representación era una mezcla de los ojos vendados de la diosa Fortuna (el destino), de la diosa griega Tyche (la suerte) y la espada de Némesis (la venganza). Pero en las monedas llevaba los ojos destapados. Se los taparon a partir del siglo XV.

Y la metáfora no puede ser más cruel para la cúpula político-judicial española: la justicia es una mezcla de destino, suerte y venganza. Y efectivamente, como dicen algunos, esta justicia es ciega. O sólo ve lo que le interesa. Y después hay la otra justicia, la normal, la del día a día de miles de jueces, fiscales, abogados, procuradores, oficiales y funcionarios. Esta que intenta mantener la esencia de la institución. Esta que si lleva los ojos tapados pero porque no mira a las personas sino los hechos.

Pero, imaginemos que a la justicia le cayera la venda. ¿Qué vería? Con dos ejemplos se resume perfectamente la situación.

El presidente del Tribunal Constitucional y exmilitante del PP, Francisco Pérez de los Cobos, ha dicho hoy en su despedida del cargo que "problemas como el llamado proceso soberanista catalán no pueden ser resueltos por este órgano y por desgracia, eso es lo que ha pasado". Y ha añadido que es "urgente e inexcusable un diálogo político". Pero espérese, que también ha dicho que desde la anulación por parte del TC de la declaración por el derecho a decidir hecha en el 2004 por el Parlament y las otras resoluciones que han venido después la tensión no ha cesado y no se ha conseguido lo que se pretendía, que era "salvaguardar y restaurar la legalidad constitucional" y reconducir el derecho a decidir "a una aspiración política susceptible de ser defendida en el marco de la Constitución". Lo ha rematado diciendo que "los problemas de esta índole no pueden ser resueltos por este Tribunal" sino por los poderes públicos "mediante el diálogo y la cooperación".

El otro ejemplo es la decisión del Supremo sobre una jueza que no fue elegida presidenta de la Audiencia de Barcelona porque, según puede leerse entre líneas, se manifestó a favor del derecho a decidir. La historia es que la magistrada Àngels Vivas (de la progresista Jueces para la Democracia). y que en el 2016 optaba a presidir a la Audiencia de Barcelona, vio cómo se escogía un juez situado 1.200 puestos por debajo de ella, que tenía menos experiencia profesional y que pertenecía a la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura. Ella presentó un recurso y el Supremo le ha dicho que la decisión no tiene nada que ver ni con sus ideas ni con ser mujer. Ahora bien, en la resolución podemos leer que "nadie obliga los jueces y magistrados a expresar públicamente sus decisiones sobre cuestiones sociales controvertidas, ni menos todavía sobre iniciativas políticas de dudoso encaje constitucional. Pero si lo hacen no pueden esperar un trato de favor. Quién voluntariamente baja a la arena política y participa en el debate y la lucha propios de este ámbito, no puede razonablemente esperar que se olvide este hecho".

Traducido: "pa que te metes". A ella, firmante del "Manifiesto del 33", 33 jueces que dieron apoyo al Derecho a Decidir y que vieron como su foto sacada del DNI en poder de la policía era publicada por La Razón.

Por lo tanto, si la justicia dejara de ser ciega vería:

1/ el presidente del TC quejándose porque a este tribunal le hacen hacer un papel de que no es el suyo y afirmando que, en vez de afrontar la situación catalana, el Gobierno ha preferido llevar el conflicto al Constitucional sabiendo que ganaría.

2/ como el Supremo le dice a una jueza que considera que los catalanes tienen derecho a decidir, aquella frase que Franco le soltó al periodista Rodrigo Royo cuando fue a quejarse de cómo lo trataba el régimen: "haga como yo y no se meta en política".

Y todo se resume con otra frase de Franco. En este caso dicha a un ministro que él mismo acababa de cesar: "van a por nosotros".