El vino es un elemento propio de la cultura mediterránea. En el pasado, no había ninguna celebración relevante sin que el vino fuera protagonista; ni ahora, seguramente, tampoco. Durante el neolítico, se extendió el cultivo del trigo, pero también lo hicieron el del olivo y el de la viña. Tenemos muchas evidencias de este largo camino juntos. Ya hace 4.500 años, en la epopeya sumeria de Gilgamesh (la muestra más antigua de literatura escrita en la historia de los humanos que hoy día conservamos), Siduri, la tabernera, ofrece vino y cerveza y nos quiere convencer de que hay que vivir la vida en el momento (ahora diríamos carpe diem...). En el Antiguo Testamento, Noé se emborrachó cuando bebió el vino que hicieron sus hijos a partir de las viñas que plantaron después del diluvio universal. Por otra parte, griegos y romanos adoraban, respectivamente, a Dioniso y Baco, los dioses del vino y de sus excesos... y, así, en nuestra historia podríamos ir encontrando referencias al vino aquí y allí.

La viña es el tercer cultivo más extendido por todo el mundo. En el Mediterráneo, las viñas cultivadas actualmente (Vitis vinifera L) son centenarias y, normalmente, derivan de viñas silvestres de la misma región, aunque muchas fueron introducidas por comerciantes o conquistadores, en particular por los romanos. Estas viñas han podido cruzarse espontáneamente, generando nuevas variedades. Pero, en general, cuando encuentran un vino que les gusta, los viñadores mantienen las cepas y, para uniformizar el producto, generan clones genéticamente idénticos, tal como comentamos la semana pasada. Cuando los humanos hemos inmigrado o colonizado otros territorios, en tierras americanas, africanas o australianas, nos hemos llevado con nosotros las cepas con el fin de elaborar el vino que nos gusta más. De hecho, hoy día, los Estados Unidos y otros países sin tradición histórica vinatera compiten a escala mundial, en producción y calidad de vino, con países europeos productores tradicionales. En los años noventa, los franceses levantaron la voz ante lo que creían que era una competencia desleal. Al defender la "pureza" de las viñas francesas con respecto a las competidoras de todas partes, creían reivindicar su preponderancia en la elaboración de vinos de calidad. No consideraron que se enfrentaban con los viñadores de los Estados Unidos que, ciertamente, no tenían viñas centenarias, pero que, pragmáticamente, creían que la biotecnología y la genética les podría ayudar en esa guerra de pedigríes. Una genetista de California y su grupo de investigación quisieron estudiar si el origen y calidad de las viñas francesas era realmente tan único y exclusivo. Y como primer objetivo escogieron lo que consideraron la cepa reina (se supone que con más sangre azul, si es que se puede decir que las cepas tengan sangre real...) del mundo de las cepas, el Cabernet Sauvignon, y quisieron determinar cuál era su parentesco genético.

Se pueden hacer pruebas de ADN forense en cualquier especie, animal o vegetal, si conocemos marcadores que nos guíen en el mapa genético

Así que, como se hace en el mundo forense, decidieron hacer una prueba de paternidad/maternidad. Pero aunque eso parezca fácil a priori (¡en las series de la televisión, los análisis forenses siempre salen bien!), no lo era tanto. Las pruebas de identificación y de paternidad genética necesitan dos cosas para poder realizarse: 1) tenemos que tener un buen mapa genético con señales orientativas (en qué kilómetro estamos, si hay un río o una montaña); las señales orientativas en genética las denominamos marcadores genéticos y son secuencias de ADN variables en la población y heredables al pasar de padres a hijos; y 2) justamente, disponer del ADN de los progenitores para poder comparar y, así, establecer las relaciones de parentesco genético dentro del mapa genético analizando la herencia de los marcadores (mitad de los marcadores heredados de la madre, y la otra mitad, del padre). Como siempre en la vida y en la ciencia, tienes que tener un buen mapa.

¿Y cómo se hace este análisis? Suponemos, por ejemplo, que se encuentra el cuerpo de una persona, calcinado e irreconocible, ¿cómo podemos identificar si es el hijo de estos o de aquellos padres? ¿Se puede saber de quién es realmente hijo? Pues si tenemos una pequeña muestra de su cuerpo, extraemos el ADN, analizamos la secuencia de los marcadores genéticos y la comparamos con la de los marcadores genéticos del ADN de los padres, podremos saber con una probabilidad de error extremadamente pequeña, de quién es hijo o padre un cadáver si tenemos ADN para comparar. El ADN es nuestro DNI, nos permite identificarnos y establecer nuestras relaciones genéticas de parentesco.

El Cabernet Sauvignon es hijo directo de un cruce entre Cabernet franc y Sauvignon blanc

Y aquí empieza una de esas historias apasionantes, que combinan ciencia e historia, tradición y cultura, talmente como un caso de asesinatos que se tiene que resolver, y la genética forense nos da la solución. Para empezar, este grupo de científicos de California estudiaron el genoma de la viña para buscar marcadores genéticos. Una vez hecho este mapa genético, y ya sabían cómo analizar e interpretar los marcadores identificados, cogieron muestras de Cabernet Sauvignon de muchas viñas por todo el mundo y las compararon con las viñas que hay en Francia (donde existen registros escritos de su cultivo ya en el siglo XVII). Con este estudio querían demostrar si todas las cepas con este nombre y apellido son verdaderamente Cabernet Sauvignon, es decir, clónicas. Pero, además, con el fin de buscar las cepas progenitoras, compararon más de 30 marcadores genéticos con 51 cepas diferentes de la región de Burdeos, donde se supone que nació la primera cepa de Cabernet Sauvignon. Entre los posibles progenitores que estudiaron hay nombres bien conocidos: Malvasía, Cabernet franc, Cariñena (Carignane), Chardonnay, Chenin blanc, Garnacha (grenache), Merlot, Petit Verdot, Pinot noir, Sauvignon blanc...

La sorpresa fue cuando vieron que, con una probabilidad pequeñísima de error (1 x 10-14, o lo que es lo mismo, 0,00000000000001), el Cabernet Sauvignon es una cepa hija de un cruce directo de Cabernet franc y de... ¡Sauvignon blanc! ¿Por qué este resultado fue inesperado? Pues porque de entrada, nadie se imaginaba que esta cepa de uvas de color negro, fuera descendiente directo de una variedad que produce uva blanca. La coincidencia en el nombre no indicaba a priori parentesco conocido, ya que la palabra Sauvignon procede del francés sauvage (salvaje) y se aplica a muchas variedades de uva que se parecen a las uvas de las cepas silvestres. De paso, los investigadores demostraron que la gran mayoría de cepas Cabernet Sauvignon de todo el mundo eran realmente clónicas entre ellas, e idénticas a las francesas.

Una de las cepas progenitoras del Chardonnay es una cepa de uva blanca poco apreciada que, probablemente, fue un regalo del emperador Probus en la Galia

Fue un hito memorable. Estos genetistas habían generado por primera vez un mapa genético fiable de una especie, la viña, utilizando mapas de marcadores genéticos. Con una tecnología puntera (en aquellos momentos) que nada más hacía tres años el FBI había estandarizado como técnica de genética forense de referencia. Satisfechos por el éxito, volvieron a utilizar esta estrategia para realizar pruebas de paternidad/maternidad del Chardonnay, otra cepa estelar productora de vinos y champanes franceses, y la compararon con más de 300 cepas diferentes de la Borgoña y la Champaña... Aquí también tuvieron un resultado inesperado. Demostraron, con una posibilidad muy pequeña de error (entre 10-12 y 10-15), que más de 16 cepas diferentes, entre ellas el Chardonnay, eran hijas diferentes (y, por lo tanto, hermanas entre sí) de un mismo cruce, el del Pinot noir con... ¡Gouais blanc! Mientras que, hoy día, el Pinot noir es una cepa muy valorada para hacer vinos, el Gouais blanc es despreciada y no se cultiva, ya que se considera que produce vinos de mala calidad. Se cree que su nombre deriva de gou, un adjetivo peyorativo procedente del francés antiguo, que haría referencia a su uso para los vinos de los campesinos y siervos. Sin embargo, es una cepa resistente y que se cultivaba mucha en Francia a la edad media. De hecho, se cree que fue introducida en la Galia por el emperador Marcus Aurelius Probus, originario de la Panonia, en el nordeste del Imperio Romano, donde todavía hay cepas Weißer Heunisch genéticamente idénticas al Gouais blanc. Probus, para favorecer la agricultura en la Galia, hizo traer de su tierra cepas productoras de un vino que él apreciaba. El Pinot noir no se queda corto en antigüedad, ya que en el siglo I dC existen referencias en los textos de Columella (un escritor romano de temas agrícolas).

Hace falta conocer y preservar la diversidad genética de nuestros cultivos

Los californianos, tan atentos a las posibilidades de desarrollo tecnológico, ya apuntaron que podrían intentar generar nuevas cepas productoras de vino, hijas de nuevos cruces genéticos entre estas cepas con tanto éxito, con el fin de hacer selección y mejora genética, en lo que sería una provechosa colaboración entre genetistas y enólogos.

Estos estudios genéticos proporcionaron las herramientas que en otros grupos de investigación han utilizado para estudiar y analizar las cepas autóctonas de cada territorio. Y el que es más importante, abrió los ojos a todos los estudiosos de las especies vegetales cultivadas, dado que demostró que la diversidad genética vegetal es muy importante, y que hace falta tener y guardar muestras con su ADN en los centros de mantenimiento de cepas varietales o bancos de germoplasma. Este conocimiento genético de las variedades vegetales, sean silvestres o cultivadas, sean foráneas o autóctonas, es un patrimonio natural valioso increíble que tenemos que proteger. Y por si tenemos curiosidad, hay varios sitios web donde podemos averiguar qué variedades de cepas, desde cuándo se cultivan y en qué lugares de Catalunya las podemos encontrar. Seguro que a partir de ahora no miraréis igual vuestra copa de vino.

Así que ahora ya sabemos que un genetista puede hacer tanto un análisis forense de un animal como de una planta, de un cadáver como de una cepa. ¡Mirando su ADN, tenemos su DNI!

Gemma Marfany
Opinión El ataque de los clones Gemma Marfany